Calcuta... era el caos... llegué a un caos apabullante, luego de tanto mar y selva... llegué como si hubiera sido lanzada a un laberinto, esto también decía Annapurna que hemos sido lanzados a vivir esta vida... y también lo decía Platón, que hemos sido arrojados... lo que fuere, "hemos sido puestos aquí por alguien"... (y en no muy buena forma)...
La parte menos moderna de Calcuta me hechizó... pude percibir cómo fue en sus épocas de esplendor y vi unas calles tan idílicas, tan fuera de este mundo... con sus construcciones elegantemente bellas... llenas de arte... Y sus templos... eran la belleza incomparable sin ver el deterioro que los rodeaba... Alquilé un cuarto en un hotel para hindúes, con baño común tipo védico (sin inodoro) en la esquina de un patio, y las habitaciones estaban alrededor de este patio, primero y segundo piso, el mío estuvo en el segundo piso; tenía un ventilador en el techo, una silla, una mesa y una cama con una estera, puse allí mi bolsa de dormir y me quedé poco más de un mes, en pleno centro y calor de Calcuta... a veces pellizcándome para sentir que no estaba soñando... Ese fue mi cuarto de estudio y meditación, tenía que poner en orden todo lo que había comprendido... Definitivamente en India, el concepto de alma lo tenían claro, era el ABC de su cultura, ellos se sentían almas, sabían que eran almas, espíritu puro... concepto que no se vivía en occidente... algunos hindúes se quedaban con esta realización, otros añoraban la realización de fundirse con el Brahman, o con la Madre Divina... y yo no tenía atracción por ninguno de los dos, quizás por la energía cósmica, Brahman... pero no lo sentía... más bien, Lakshmi me atraía... la diosa de la fortuna... ¿quién no añora la fortuna?... Annapurna era devota de Lakshmi y Vishnu, pero más era de Lakshmi, así que hice mi altarcito según sus indicaciones y puse en su centro una foto de la diosa Lakshmi, a sus pies puse mi pirámide de meditación... y Annapurna me dijo "que Lakshmi se te revele en tu corazón"...
Al encontrarme con el río Ganges viví muchos sentimientos encontrados... vi lo bueno y lo malo, vi la suciedad y la pureza al mismo tiempo, me gustaba como era el gran río y no me gustaba... así como veía las calles de Calcuta vieja... Así pasé horas en los gaths del río... contemplando espectacularidades... sadhus meditando durante horas mirando hacia el sol, quietos, algunos sentados en las riveras de sus orillas, otros dentro de sus aguas, de pie... y yo observándolos durante esas horas... hasta que me iba... a algún templo milenario para ver otros rostros devotos de sus divinidades... La gente adoraba a todas las diosas y dioses y a su vez tenían sus preferidos... así como Depak había tenido a Ganesh como su preferido en ese tiempo; luego, otras divinidades podían ocupar el corazón de uno, no había discordia entre ellas... todas las divinidades eran una sola familia... y habían historias de historias entre ellos... Yo le conté a Annapurna de mis sentimientos y de mi búsqueda... y ella me dijo que yo tenía el alma de un renunciante (monje/monja), que no era muy común entre las mujeres, pero que las había, ellas vestían de sari blanco, y me mostró a una discípula renunciante de Sai Baba que vivía en el ashram. Esto tuvo un fuerte impacto en mí porque pude verme realmente así, desposeía de todo, sólo con las ganas de sumergirme en las prácticas ascéticas... lejos del mundanal ruido... e hice de aquel cuarto del hotel, mi celda de meditación, escritura y dibujo... Pedí a mi familia que me enviara el dinero a Calcuta... compraría mi pasaje de Delhi a Estocolmo y el resto me lo gastaría... tenía que conocer los lugares propuestos en mi nuevo rally o peregrinación: el árbol de meditación de Buda y el templo Mahabodhi, en Bodh Gaya, Varanasi (antigua Benares). La historia de Siddharta contada por Herman Hesse, seguía haciendo un gran efecto en mí... Hesse sostenía en los labios de Siddharta que la sabiduría es incomunicable y las realizaciones también, uno puede describir el camino pero no logrará comunicar su esencia porque cada realización es personal, las doctrinas sirven sólo hasta cierto punto, porque después es uno quien tiene que conocerse a sí mismo, encontrar su propio secreto, su propia realización... Yo sentía que la verdad se encontraba en todos y en todos lados... y que yo, para mí, tenía que ordenar esos pedazos de verdad que me mostraba el universo o el destino, en el gran puzle de la vida o del conocimiento... así, una vez más, yo corroboraba lo que el río Rímac de Lima, le había dicho a mi madre en uno de mis sueños, y que era lo mismo que sostenían algunos pensadores hindúes... que la vida era sólo un juego... un dulce juego de sus Divinidades, donde el dolor juega con el placer...
En Agra... desde una buena distancia uno ya podía ver los minaretes de este famoso y bellísimo templo, el Taj Mahal, aunque es un mausoleo... y yo alucinaba de emoción... por fin conocería el Taj Mahal, aquella joya esplendorosa del que tanto me había hablado mi querido amigo Massoud Khodabandelou, allá, por el Gran Río Amazonas...
Tuve que quedarme en Agra para visitar el Taj Mahal también de noche, especialmente con su luna llena... que luego de acariciar aquel fino mármol blanco con sus rayos resplandecientes, me cubrió el rostro y el de mi pirámide el Sortilegio del Destino con el cual yo estaba en busca de respuestas... Iba a volver a Estocolmo pero aún no sabía que iba a hacer allí... me tendí en una de sus bancas para hacer las posturas que mi cuerpo me sugería desde aquella vez en El Cairo... Quizás este amor que Shah Jahan tuvo por Mumtaz Mahal, sea el objetivo final de la vida, un objetivo honroso, pero que no era para mí... y una repuesta vino a mi corazón... mientras escuchaba el lamento de los oradores que cantaban en las tumbas de los reyes... yo tenía que hacerme un objetivo para darle sentido a mi vida... era lo único que me quedaba... y en medio de estas divagaciones fui haciéndome la idea de volver a Perú, pero no para trabajar allí como lo había hecho antes, sino, para estudiar en la escuela de Bellas Artes... este objetivo ya era bello de por sí en mí corazón, pues aparte de la arquitectura yo también había querido siempre estudiar arte, y éste era el momento. Trabajaría en Estocolmo lo suficiente como para reunir dinero y mantenerme en Lima durante los tres primeros años de estudio, luego se vería el resto.
Con estos nuevos proyectos me dirigí a Delhi, un poco más curada de mi tristeza por no haber encontrado mi guru ni mi ashram, porque mi celda sí la había encontrado, en la casa de Annapurna y en aquel hotel del centro de Calcuta... En Nueva Delhi visité la casa museo de Indira Gandhi y todo lo que pude conocer de esta gran ciudad... el Birla Mandir, el mercado Paharganj, el Red Fort, el Jama Masjid... y el aeropuerto Indira Gandhi donde estuve lista para volar a Estocolmo.



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