Al igual que en mi Bhagavad-gita, al final de Un gusto Superior se mostraba la dirección de los devotos en Arequipa, en la calle Perú, en pleno centro. Me dirigí llorando por la calle Mercaderes hacia la calle Perú... con esa extraña sensación de querer gritarle al público haciéndole conocer mi gran hallazgo... Al igual que mi Bhagavad-gita me había revelado la existencia de la Divinidad Suprema... y que ésta era una pareja, la Pareja Divina Radha y Krishna; este libro de mi querida Betty, me había había revelado que nuestro estilo de vida original era "ser vegetarianos", que lo humano era no comer carne, no matar animales para comerlos, recién lo estaba comprendido, ¡oh diosas y dioses!, ¡qué cubierta había estado!... ¡Qué cubierta!... tantos años me había tomado comprender esto; ya desde ese tiempo en que mi querida amiga la Maga me explicaba por qué ella era vegetariana; ella me decía que "si no respetamos la vida de nuestros hermanos menores, nos volveremos crueles, porque la matanza de animales es un acto de crueldad"; luego, ni siquiera Deepak, ni Tauna, ni Annapurna pudieron hacerme comprender esto... Fue Srila Prabhupada quien me despertó a través de sus libros...
Los sabios de occidente: Hesse, Jung, Eliade, Guénon, fueron los que en me llevaron a India, y en India, de todos los que vi y escuché (gracias a Annapurna) me atrajo siempre Srila Prabhupada aun sin conocerlo ni haber leído nada de él; y finalmente, él fue quien me despertó... ¡Jay Srila Prabhupada!, mi venerado maestro, mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatarabuelo... gracias... gracias... reverencias a tus divinos pies de loto... Por supuesto que después vinieron otros despertares también otorgados por Srila Prabhupada; y luego otros otorgados por otros grandes maestros como Srila Srdhara Maharaj, Srila Puri Maharaj, Srila Narayan Maharaj, Srimati J/S Dasi...
Cuando doblé a la izquierda de la calle Perú, me recibió un aroma inolvidable... el Nag Champa que Annapurna solía poner en su altarcito... y simplemente lo seguí hasta que llegué al restaurante vegetariano Govinda, donde entré totalmente conmocionada, confundida, llorando... sorprendida por mi gran despertar... Un devoto vestido de yoguipan y kurta blancos, casi de mi edad, me atendió de inmediato ofreciéndome una silla y esperó que me calmara... yo no podía hablar, seguía llorando, me trajo un vaso de agua; luego, cuando pude hablar, él se acercó a mí, se sentó en una silla y yo le conté la increíble experiencia que acababa de vivir... él me escuchó con atención; incluso cuando alguien entró al restaurante, fue su esposa quien atendió al cliente para dejarnos a Daruka y a mí en una mesa conversando... Daruka me dijo que eso que yo había vivido era sólo el comienzo de un conocimiento superior y divino... y que nosotros éramos muy afortunados en reconocer que todas las bases y fundamentos de esta sociedad occidental eran erróneos... este fue otro shock para mí porque por fin había encontrado a alguien que pensaba y sentía como yo... que el sistema de esta sociedad occidental era insensato e insano, por eso yo no había querido ni quería vivir en él, por eso yo había huido de él y había viajado a India en busca de un nuevo estilo de vida... y ése, era éste mismo que Srila Prabhupada nos estaba ofreciendo... un estilo de vida que al mismo tiempo estaba muriendo en India; pero que sin embargo, mucha gente también estaba luchando por mantenerlo y mostrarle al mundo que ese estilo de vida era el antídoto para terminar con este suicidio o autodestrucción al que nos había llevado el cultivo de la codicia, de la lujuria, del egoísmo, la competencia, la explotación, la crueldad... del mundo patriarcal... Aunque Daruka señalaba lo erróneo de esta cultura occidental como una característica de la era de Kali... yo no dejaba de ver en ningún momento que ese error se debía al cultivo de una mente patriarcal cuyo cenit era la misoginia, el ateísmo, el racismo, la falta de principios morales y éticos, etc.
Entonces fue un alivio para mí saber que yo no estaba loca ni sola, que sí existía la comunidad que yo estaba buscando, lejos de este sistema, y ésta era la comunidad de los devotos hare krishna... Daruka fue citándome varios textos y mostrándome los libros que tenía en el escaparate... Me decía que una sociedad vegetariana crece en principios divinos, por lo tanto, lleva al ser humano a divinizarse; porque, ¿cómo puede divinizarse un hombre que mata y come animales?... si para ser divinos tenemos que despojarnos de todo lo animal que hay en nosotros... y comer animales no hace más que animalizarnos...
Mucho tiempo estuvimos conversando con Daruka; luego me presentó a su esposa Rasa Sundari quien estaba vestida de sari... en verdad, me sentí en un pedacito de la India, me sentí más calmada... y feliz. Compré un par de libros pequeños de Srila Prabhupada y me fui al hotel... me sentía transformada... En el snack de Betty les conté a ella y a Bertha la experiencia que acababa de vivir y mi encuentro con los devotos... les conté de Rasa y Daruka y de sus enseñanzas, las enseñanzas de Srila Prabhupada que empezaban con la práctica de los cuatro principios regulativos y el canto del maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama hare rama, rama rama, hare hare… como base de una sociedad ideal. Por fin había llegado a mi oasis, a mi comunidad... entonces, decidí no viajar todavía a Arica porque quería seguir bebiendo el nuevo néctar que ellos me estaban ofreciendo...
Ese mismo día me hice vegetariana, "de golpe"; y también de golpe, terminé con mis viejas fuentes de placer sensual... las fiestas, mis jaranas, el alcohol, el cigarro diario, el cannabis de vez en cuando... Y por una semana o más yo regresé a mi querido oasis donde Rasa y Daruka me prestaban sus libros, oasis que ellos consideraban una expansión del bello Templo del Entendimiento del Chosica. Yo había llegado a la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna, Iskcon... y Rasa y Daruka eran para mí la representación genuina de las enseñanzas de Srila Prabhupada... Mas, al conocer ellos de mi próximo viaje a Arica para visitar a mis hermanas, quienes estaban buscando un local para abrir un restaurante o una pollería en Arica; Rasa Sundari me hizo ver que yo también estaba llamada a difundir este nuevo conocimiento y estilo de vida; por tanto, nada sería más bello que mis hermanas también comprendiesen la importancia del vegetarianismo y que su restaurante fuese vegetariano. Con esta convicción viajé a Arica, no sin antes haber comprado mi japa mala en la que Rasa Sundari me enseñaría a cantar mi maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama hare rama, rama rama, hare hare… ¡Jay Rasa Sundari devi dasi! ¡Jay Daruka Das!, mis reverencias e infinito amor y agradecimiento a sus divinos pies de loto.



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