Llegó el gran día tan esperado por mí, fue después de la fiesta de mi cumpleaños en que me despedí de mis hermanos y sus novias... Mi madre me despidió en casa como si fuera uno más de mis tantos viajes, como si yo iba a volver... en realidad, yo no sabía si iba a volver, yo estaba partiendo “del todo”... Con Deepak también ya nos habíamos despedido. Así que esa tarde me acompañaron al puerto mi hermana Silvia y Tauna, eran las cuatro, yo partiría a la seis y viajaría toda la noche. Y también me acompañó de nuevo el conflicto de la felicidad por dar rienda suelta a mis alas, y el dolor de la separación de mi madre a quien seguía amando con mucho apego... y ahora había agregado a Elvirita a aquel sentimiento, me daba tanto dolor separarme de aquella pequeñita que me hacía decirme a mí misma... no no, no volveré a amar a nadie más... Elvirita será la última, jajajajaja... y lo fue... por un tiempo... Yo vestía de negro, jean, polera, chompa, casaca de cuero, botines sin cordones... me gustaban mucho mis botines color marrón claro... mis ojotas iban en mi mochila también color negra.
El Viking Line era un barco inmenso, de seis o siete pisos, mis barcos de la Amazonía quedaban pequeños ante su inmensidad. Cuando llegó el momento de subir al gran barco, abracé primero a Tauna y luego a mi hermana... lloramos...
- No dejes de llamarnos por teléfono -me recomendaba Silvia, y yo prometía que sí, sí, yo estaría en contacto con ellos. Y así fue...
Subí al gran barco y fue otro mundo... de inmediato me llevaron a mi camarote que compartiría con una muchacha rusa. Dejé mi mochila y me fui a caminar por la cubierta... ya nos habíamos alejado bastante del puerto... Había un hermoso crepúsculo... pronto saldrían las estrellas y el frío de la noche nos haría buscar abrigo... Era grandioso este comienzo de mi gran viaje... era auspicioso, un regalo del universo... Poco a poco fui adquiriendo más confianza y seguridad en mis propias riendas, poco a poco fue desvaneciéndose el temor... y me sentí la protagonista de una gran película de aventuras... Fui a merodear por las instalaciones de este maravilloso barco que parecía una ciudadela... sin, por ello, tener que bajar la guardia, estaría siempre atenta... Entré a una hermosa discoteca, donde escuché y medio bailé el Dancing Queen del grupo ABBA... pasé por el salón de juegos y vídeo juegos, observando las ruletas y los naipes... pasé por las tiendas duty free... y volví a mi camarote. La muchacha rusa ya estaba durmiendo.
Llegamos a Helsinki temprano por la mañana, tuve tiempo de recorrer el centro de la ciudad, pues viajaría en el tren de la noche a Leningrado. En Leningrado pasé una noche en un hotel, de allí llamé por teléfono a mi madre para reportarme y saber que ella se encontraba bien, lo mismo que Elvirita, "mi secretaria", así la llamaban mis hermanos porque andábamos siempre juntas. En ese momento, mi madre me dio la noticia que Sasha me esperaría en Moscú, así que mi madre se sentía tranquila.
Efectivamente... Sasha me esperaba en el terminal de trenes, y me llevó a la residencia universitaria donde me instaló en su propio cuarto que había compartido con Jorge, y que ahora compartía con otro amigo; y como ambos habían salido de vacaciones, yo podía quedarme en ese cuarto por espacio de un mes, por supuesto que yo acepté de inmediato... No lo podía creer... no lo podía creer... Conocí la universidad Patricio Lumumba, la plaza roja, el mausoleo de Lenin... la bellísima Catedral de San Basilio, el café Puskin... donde escuché la maravillosa Nathalie de Gilbert Bécaud, en francés... el famoso Kasachok... Moskau de Dschinguis Khan... tan fuerte fue mi conmoción que simplemente lloré, lloraba cada vez que me emocionaba...
Una tarde, mientras me encontraba circunvalando la bellísima Catedral de San Basilio... se acercó a mí un joven, ofreciéndome unos libros de manera un poco oculta... de inmediato me atrajo uno, porque estaba la misma Catedral de San Basilio en su carátula y el título era: El Peregrino Ruso, en inglés... le regateé un poco y él accedió... y aquella joya literaria vino a mis manos y a mi equipaje. Nunca había escuchado de este libro de autor anónimo, lo leí durante toda mi estancia en Moscú. Era un clásico de la espiritualidad cristiana oriental.
Es la historia de un hombre que quería aprender a orar. Un día había escuchado que en la Biblia se aconseja que debemos "orar sin cesar", entonces buscó a muchos maestros para que le explicaran esta enseñanza, pero ninguno lo satisfizo, hasta que encontró a un "staretz" (monje) que le enseñó la oración de Jesús, la sencilla y muy reverente repetición del nombre de Jesús... "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador"... A partir de entonces, esa oración de Jesús se apoderó de su mente y corazón... la invocación del nombre divino, es un acto que constituye el "recuerdo" de la Divinidad Suprema... esa era la esencia de sus enseñanzas... El camino del Peregrino Ruso es un camino espiritual, un manual para aprender a orar... Mas, a pesar que en aquel tiempo yo no tenía ningún interés por orar, me sentí identificada con aquel peregrino en cuanto a su peregrinaje, él se dirigía a Jerusalén, meta de su viaje... y yo me dirigía a India, aunque dando un rodeo por aquel mundo que me parecía haberlo caminado en vidas anteriores... y ahora yo sólo estaba volviendo sobre mis pasos...


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