Al pasar de sus páginas... mis ojos no dejaban de abrirse como las ventanas de un gran palacio real ante el sol... pero no sé en qué momento, en qué verso del Bhagavad-gita fue que sentí que Radha y Krishna existían de verdad... ¡Radha y Krishna existen!, me grité para mis adentros, ¡Radha y Krishna existen!, ¡existen de verdad!... Ellos son la Divinidad Suprema, la Verdad Absoluta, el Amor Divino, me decía a mí misma con los ojos desorbitados... yo me encontraba asombrada ante esta increíble visión, sentía que el lienzo hecho por Annapurna allá en Puttaparthi había cobrado vida y que aquel par de hermosos adolescentes existían de verdad... eran reales... sí existían... sí existían... no dejaba de repetírmelo infinidad de veces... Fue una revelación... la Divinidad Suprema existía, y ésta era la Pareja Divina Radha y Krishna, de la cual se desprendían todas las demás diosas y dioses del panteón hindú, yo estaba de acuerdo con aquel prefacio en el que se decía que Radha y Krishna eran la forma original de Lakshmi y Vishnu. Pero esta experiencia era sólo mía... mía, personal e intransferible; nadie la iba a vivir por mí, ni nadie jamás me hubiera podido entregar con palabras esta mágica experiencia mística que yo viví y el llanto que me acompañó; hasta aquí llegaba mi afán de poder describir cómo fue para mí esta inolvidable revelación... sí, fue como un despertar, un abrir de la conciencia, un abrir del tercer ojo... un vislumbre de la dimensión divina, invisible... espiritual... por fin mis súplicas habían sido escuchadas...
Al final del libro, para mayor información, estaba la dirección del Templo del Entendimiento en Chosica. De inmediato me fui para allá... Me gustó aquel templo en miniatura, parecía un juguete al lado de las inmensidades que existían en India... pero al menos... teníamos aquí un pedacito de la cultura hindú, me dije y entré... Yo tenía todo el tiempo del mundo para observarlo todo... sentía que había llegado por fin a un ashram de Srila Prabhupada, era un día cualquiera de la semana cuando fui, si bien las puertas del ashram estaban abiertas no las estaban las del templo, y al parecer no había nadie. Me dirigí por los jardines del lado izquierdo y allí me senté un largo rato, para observar la arquitectura del templo y seguir hojeando mi Bhagavad-gita, marcando las citas que hacían mella en mí...
A lo lejos vi a un jardinero y me acerqué a él, iba a hablarle, cuando a la derecha vi una pequeña tienda de souvenirs de la India y hacia ella me dirigí. Me atendieron dos jóvenes muy amables, quienes me convidaron exquisitos dulces "ofrecidos a Krishna" me dijeron y me invitaron para la ceremonia de la tarde; por supuesto que me quedé... Presencié la bella ceremonia del artik con contados asistentes, y en términos generales no era tan diferente de las que yo había visto en India... aquí también se cantaba y se bailaba, aunque, a mi parecer, con una extraña seriedad... El templo por dentro también era una pequeña joya... Volví al día siguiente y al otro y al otro, hasta que tuve que dar mi examen de admisión en la escuela de Bella Artes...
El primer examen fue de conocimientos y el segundo, al día siguiente, fue el de dibujo. Hubo un joven modelo para ello, estaba semidesnudo en pose del Discóbolo de Mirón... Yo me situé en un rincón del aula, preparé mi caballete y me dispuse a dibujar... mas, mientras hacía el encuadre del cuerpo, no dejaba de pensar en los cuerpos enteros de Radha y Krishna que Annapurna había bordado; y sentí una imperiosa necesidad de dibujarlos allí mismo, danzando en la ribera del Yamuna, cerca de la colina de Govardhan... pasatiempos que me contaba Annapurna... que también eran el ABC de su cultura; entonces empecé a dibujar al joven modelo, y en el ángulo superior del lienzo, empecé a dibujar a Radha y Krishna tal como los recordaba en aquel bordado... al mismo tiempo que analizaba cómo habían sido mis visitas al Templo del Entendimiento.
Había hecho amistad con una joven bhaktina de veinte años... ante mis preguntas, ella me puso al tanto de todo lo que yo precisaba saber... Srila Prabhupada ya no se encontraba en este mundo. Había dejado a once maestros espirituales para que inicien a la gente en el maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna hare hare, hare rama hare rama, rama rama hare hare... y que para tomar esa iniciación uno tenía que vivir en el templo mínimo dos años haciendo servicio... Lo cual, obviamente fue un gran PLOP para mí, pues yo no estaba dispuesta a esperar dos años para recibir formalmente aquel mantra que sentí que "era para mí, era mi mantra", me sentía feliz por ello, me sentía como Annapurna con su mantra, como Deepak con su mantra... pero del mantra Hare Krishna, los devotos decían que era "el más grande de todos los mantras", y esto me encantaba...
Hare krishna hare krishna, krishna krishna hare hare, hare rama hare rama, rama rama hare hare...
Cuando terminé mi dibujo, "acomodé" el dibujo de Radha y Krishna como si fuera un pensamiento de mi Discóbolo... quedando muy súper para mí. Luego, mientras esperaba los resultados de los exámenes de admisión, fui al ashram con mi mochila y mi bolsa de dormir, a pedirles a los devotos que me permitieran quedarme con ellos por una semana, hasta "arreglar mis asuntos"; luego me internaría por los dos años y "me haría merecedora de tal iniciación"... Me aceptaron un poco a regañadientes porque no les había llevado mis antecedentes penales.
En esta primera estanza objeté muchas cosas... Yo llenaba de preguntas a las dos bhaktinas con quienes compartí la pequeña habitación... se notaba la gran diferencia que había entre ellas y "las iniciadas"... como la que había en años pasados entre provincianos y capitalinos, lo cual me causaba gracia... También me causó mucha gracia que una vez dentro, los jóvenes que me habían atendido tan amablemente en la tienda ahora me ignorasen... mejor dicho, los hombres intentaban ignorar a las mujeres... y cuando me explicaron la relación entre el fuego y la mantequilla... me pareció muy sorprendente la superioridad en la que consideraban a la mujer, a tal punto de verla como el fuego... en cambio ellos se veían como una simple mantequilla derretida a sus pies... pero las madres y los devotos le daban un significado negativo a esta analogía, como si nosotras, las mujeres, fuéramos la causa de sus pervertidos deseos... No en vano había dicho nuestra inmortal Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis"... Y algo que me pareció muy extraño también, fue que en todo momento los devotos, hombres y mujeres, se referían sólo a Krishna como la Divinidad Suprema y apenas mencionaban a Radha... y cuando la mencionaban, la mencionaban ¡como su subordinada!... cosa que no había sido así en los pasatiempos que me contaba Annapurna... pero yo sólo estaba observando... escuchando... aprendiendo...

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