Dije “deseos pervertidos”, porque cuando los devotos me pusieron el ejemplo de que ni Brahma podía quedarse a solas con su hija… no se me vino otro pensamiento a la mente… ¿cómo era posible que una mujer no pudiese quedarse a solas ni con su propio padre?... Pero los devotos citaron las escrituras y se dieron el gusto de leerme un verso del Srimad Bhagavatam (3.12.28), en el que efectivamente se decía que Brahma había sido víctima de la atracción sexual por su hija... pero también se señalaba claramente que dicha caída de Brahma se había debido a su propia mente “anormal e inmoral” (porque aún no había escuchado El Srimad Bhagavatam), y no debido a su hija. Dando a entender que la lectura y comprensión del Srimad Bhagavatm purifica la mente, la ilumina, la libera, la diviniza o espiritualiza. Así que las interpretaciones que culpaban a la mujer de estas caídas del hombre no eran más que interpretaciones misóginas, y la misoginia es una anomalía de la mente. Lamentablemente, sobre este absurdo complejo de superioridad del hombre sobre la mujer, está fundada esta sociedad codiciosa que quiere exprimirnos a todos hasta nuestro último aliento. Si bien es verdad que las mujeres están luchando por todos los frentes para revertir esta situación, el mismo Srimad Bhagavatam nos dice que su lectura y comprensión se nos presenta como una de las opciones, si no es la única y mejor; de lo contrario, tal degradación de la mente patriarcal irá de mal en peor, porque es Kali yuga, la era de la degradación del hombre.
Así se me fueron dando los retos para entender las enseñanzas de Srila Prabhupada... Ya Annapurna me había explicado en Puttaparthi... que “nada es verdadero o falso, que todo depende del color del cristal con que se mire”... ya que en India había muchas escuelas filosóficas debido a la diversidad de la naturaleza humana (dvaita, advaita, mamamsakas, vaisesikas, mayavadis, svabhavas, etc.); por tanto, todas eran respetables, no había duda de que la Divinidad Suprema quería ser adorada de infinitas formas. Así que en adelante, ese sería el lente por el cual yo miraría todo lo que escucharía de los devotos, pasándolo por el tamiz de mis propias deliberaciones... aceptando como cierto mis propios sentimientos y pensamientos... después de todo, yo me sentía “la arquitecta de mi propio destino y la constructora de mi propio templo interior”... nadie podía hacerlo por mí... y mi guía era mi intuición y mi razón, siendo la primera de mayor valor.
Las jóvenes y yo nos levantábamos temprano para la primera ceremonia de la mañana y la clase, luego nos entregábamos a nuestros servicios diarios; a mí me tocó la limpieza de los baños, de las habitaciones, del templo y de todo lo que las madres me señalasen… Lo que me hacía recordar mi trabajo de limpiar casas en Estocolmo… aquellas casas que de por sí eran pulcras… y yo las limpiaba en esta mi última temporada siguiendo las indicaciones de Annapurna... "mientras limpias, medita que limpias tu mente, porque eso es lo que está ocurriendo cuando eres consciente de ello… acuérdate que tal como es afuera es adentro… al limpiar afuera estás limpiando adentro".
También me animaba el entusiasmo de las madres para realizar todas sus actividades del día... entre las cuales estaba la de “predicarme” este nuevo estilo vida que incluía el vegetarianismo y una rutina diaria; en la que para mí, había muchas restricciones y llamadas de atención... por ejemplo, no podía entrar a la habitación de las madres iniciadas fuera de las hora indicadas y menos a la cocina y al altar; incluso no podía marcar mi Bhagavad-gita con lapicero pues lo consideraban una "grave ofensa”... a veces me hacían recordar las restricciones que había en el ashram de Sathya Sai Baba, “para matar el ego”...
La fiesta del domingo fue inolvidable, vino mucha gente y yo no me cansaba de apreciar aquellas exquisiteces que nos compartían los devotos… Cumplida la semana les solicité a los devotos que me dejaran quedarme por una semana más y así lo hicimos; luego dijeron que después de esa semana me derivarían a uno de los centros de Lima para que yo empiece a vender inciensos y libros, lo cual me dejó muy pensativa... Porque luego de haber encontrado este ashram de Srila Prabupada, sentí la imperiosa necesidad de volver cuanto antes a India para conocer su ashram original en Vrindavan, la tierra natal de Radha y Krishna; menos mal tenía el dinero suficiente para ello. Yo no llegué a comunicarles a los devotos estas perspectivas mías, ni menos que yo había estado en India, porque ellos estaban más interesados en entrenarme que en escucharme... y este sería un leitmotiv a lo largo de mi estanza con los devotos... “que mi vida pasada carecía totalmente de valor y que yo haría muy bien en olvidarla”... siendo que para mí era todo lo contrario, por lo que me convino en adelante mantenerme en reserva.
Los resultados de mis exámenes en la escuela de Bella Artes fueron favorables, aunque fui aprobada en ambos exámenes (el de conocimiento y dibujo), yo ingresé en el grupo de ampliación de vacantes; y para sorpresa mía, pude conversar con uno de los jurados calificativos, quien me dijo que la nota aprobatoria de mi Discóbolo se había debido más a mi creatividad de dibujar a aquella “pareja de hindúes”; por lo que me encontraba ante la tentación de quedarme a cumplir mi sueño de estudiar en la escuela de Bellas Artes; sin embargo, cada vez era más fuerte mi deseo de volver a India y encontrarme con mi querida Annapurna; pero antes viajaría a Arica, a Chile, a visitar a mis hermanas, y de paso, en Arequipa visitaría a mi prima Bertha y a sus hijos... Antes de este viaje tuvimos que despedir con Silvia a mi madre que se regresaba a Estocolmo.
Volver a Arequipa después de casi cinco años fue una maravillosa experiencia… Aunque mi llegada a Lima fue un cambio brusco, tuve que armarme de mucho valor para continuar con el camino que había elegido… el cambio brusco se debió al enrejamiento en que encontraba todas sus edificaciones, haciéndolas ver como verdaderas cárceles y yo recién tomaba cuenta de ello… porque en Estocolmo no se veía ni una sola reja en sus puertas ni ventanas… con decir que era muy común ver las bicicletas y juguetes de los niños en los jardines de las casas, sin el menor temor de que fuesen robados… En Arequipa, decía… llegué al hotel de mi prima Bertha en la avenida Quiroz… prácticamente en pleno centro. Nuestro encuentro fue muy caluroso, especialmente con mi sobrina Betty con quien más compartía mis inquietudes… Ella también había viajado mucho por el Perú y el extranjero; así que compartimos nuestras noches contándonos de nuestros viajes… ella me contaba del misterioso Hong Kong y de su "affair" con su querido Koon Hun de Kowloon, cuando yo le contaba de la mística India… y finalmente de los devotos… a quienes ella también los conocía y les había comprado un pequeño libro de cocina vegetariana: “Un Gusto Superior”, ya que en ese momento ella tenía un pequeño snack de comida rápida en el primer piso, a la entrada del hotel.
En cuanto leí este libro a la luz del día, sentada en una banca de la plaza de armas… sufrí otro indecible shock, sí, fue otro despertar, otro abrir de la conciencia, otro abrir del tercer ojo, pero esta vez fue muy doloroso… porque pude percibir efectivamente cómo era la matanza de los animales en el camal… escuché fuerte y claramente en mis sienes los gritos y alaridos espeluznantes de los animales en el matadero… y se me desgarró el corazón… “¡Ohh, qué crueldad la nuestra!”, exclamé entre sollozos… “¡Qué crueldad la nuestra!”, me repetía totalmente agobiada ante este terrible descubrimiento… y quería comunicarlo urgentemente a toda la gente que pasaba delante mío, me levanté de la banca y quise correr por las cuatro direcciones para hacerles ver el error en el que estábamos viviendo… quería detenerlos a todos y explicarles nuestra gran equivocación de comer animales, de matarlos para comerlos ¡a nuestros hermanos menores!… ¡estábamos desquiciados!… Yo recién estaba comprendiendo lo que Annapurna tantas veces había querido que comprenda… y me explicaba con pena y paciencia ante mis más densas tinieblas…

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