Mi decisión de quedarme en Perú también se debía, más que nada, a la ventaja de poder estudiar más profundamente el Bhakti Yoga en mi idioma materno, como era ahora mi más caro deseo, y a lo que quería dedicarle la mayor parte de mi tiempo; en India no me iba a ser posible encontrar toda esta literatura en español... De esta manera ya me encontraba psicológicamente lista para "renunciar al mundo", ya que iba a aceptar formalmente, cumplir los cuatro principios regulativos básicos de una sociedad humanizada; y también los tres principios básicos, que a su vez son, el medio y el final del Bhakti Yoga: cantar el maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama hare rama, rama rama, hare hare… tomar prasadam y estudiar las sagradas escrituras con la debida comprensión, bajo la guía de personas avanzadas.
Todo se mostraba favorable, la llegada de mi madre fue una gran bendición para mí, pues sin la menor intención de hacerme santa, ella me había iniciado en el camino de la santidad, de las santas, de las monjas, de los padres del desierto... cuando me contaba sus historias en mi época de infancia, y mis preferidas eran Santa Teresa de Ávila y Santa Rosa de Lima... "¡Ay mi monjita!", me dijo mi madre con toda sinceridad y preocupación, "sólo espero que éstos pelados no te exploten"... jajajajajaja... porque mi madre y mis herman@s, al enterarse de mis tendencias se habían enterado también de "cómo funcionaban los hare hare", a mis herman@s no se les iba ni una... ell@s "ya me veían" vendiendo inciensos en los buses y se oponían a ello... esa era la idea generalizada que la gente tenía de los devotos, que sólo eran unos "comerciantes ambulantes"... pero yo tenía muy claro mi objetivo: el estudio, esa era mi inclinación natural.
Dada mi vocación monástica quise tomar los hábitos blancos el mismo instante de mi iniciación. Los devotos no me habían dado mucha información respecto a madres renunciantes, pues hasta ese momento creo que no había ninguna; tal vez una en Colombia, dijeron... Por lo tanto, a falta de sari blanco tuvimos que comprar con mi madre, cinco metros de tela bramante blanca para vestirme conforme me había enseñado mi querida Annapurna, y que en ese momento me ayudaba madre Subhadra, esposa de Udhava.
Creo que los devotos se sorprendieron al verme vestida así ese día en el pequeño templo. No hubo ceremonia de fuego, no fue mucha gente, fue un día de semana, y mi compañera de iniciación fue madre Asritia de dieciocho años. Claro está que mi entrega de corazón era a ese Sri Guru del que hablaba Srila Sridhara Maharaj en su libro Sri Guru y Su Gracia, no fue a Atulananda prabhu, pues yo apenas lo estaba conociendo...
Ofrecí mi renuncia y mi traje blanco -que lo representa- a Srila Prabhupada, pues él era quien me había despertado a la existencia divina... cuando escuché mi nombre, casi no lo entendí... era "demasiado" largo... Udhava me lo explicó después y me identifiqué con aquella maravillosa santa, por su entrega y dedicación, gangamata goswamini, pero más me identifiqué con el nombre de ganga, porque era el nombre de un río y yo amaba a todos los ríos... y le agradecí a Srila Prabhupada por haberme otorgado la semilla del Bhakti Yoga a través de su discípulo, este era el don que tenía el inconmensurable Srila Prabhupada.
No bien me hube iniciado, se fue Atulananda prabhu a Santiago, yo volví a la rutina de mis días y los devotos dejaron de seducirme con aquellas bolitas maravillosas encantadoras... más bien, ahora ellos esperaban de mí que hiciera "algún servicio en el templo"... por mi parte, yo ya tenía claro que eso era un servicio externo, y que tal vez en algún momento tendría que practicarlo para apoyar mi servicio interno. Sin embargo los devotos me presionaban cada vez que podían, pues ahora "siendo monja, con mayor razón", decían, yo tenía que vivir en el templo, lo cual no les faltaba razón; pero para mí prevalecía mi compromiso con mi hermana, aunque al mismo tiempo también iba sintiendo cada vez más los deseos de irme a vivir con los devotos... todo esto fue un proceso gradual.
Primero hice los arreglos para ir al templo todas las tardes después de atender la Isla Bonita de Radharani, para asistir a la ceremonia del goura arati y la clase de la tarde, luego dormir allí en el templo para asistir al día siguiente, al mangala arati y la clase de la mañana; y recién después me regresaba al restaurante de mi hermana.
En ese tiempo había muy pocos residentes en el templo, todos jóvenes, entre amigos y devotos; estaban Kalindi, Mohini, Asritia... Lo que yo no comprendía mucho, era por qué uno de ellos o ellas no era el presidente del templo, ya que los grihastas estaban en sus casas y venían sólo a administrar el restaurante y la boutique... De un momento a otro, Udhava y Pariksit decidieron madrugar y venir al templo todas las mañanas, al mangala arati y a las clases, en las que ellos nos leían el Bhakti Rasambrita Sindhu de Srila Rupa Goswami. Uno de aquellos devotos jóvenes me sorprendió mucho al decirme que yo era la única que tomaba demasiado en serio este proceso... lo que me dejó reflexionando un buen tiempo.




















