martes, 22 de junio de 2021

NUESTRO RESTAURANTE VEGETARIANO

Aún recuerdo aquel bello encuentro con mis hermanas, Mery y Edith; y con mis sobrinas, Vane y Kissy, hijas de ambas respectivamente; después de casi cinco años de separación… las cuatro estaban viviendo juntas en una hermosa casa de un solo piso en la calle Juan Noé… Había sido nuestra primera separación larga; aunque en el mismo Perú ya estábamos separadas porque ellas vivían con sus familias; y yo sería una de las últimas en salir de la casa materna, prácticamente en busca de mi propia familia y de mi autorrealización; pero yo necesitaría escribir otro libro para detallar exclusivamente mi vida con mi querida familia: mi madre, mis herman@s, sobrin@s, prim@s, tí@s, etc... porque ahora, estoy resaltando exclusivamente mi viaje espiritual hacia el encuentro de mí misma, de mi Divinidad Suprema y de aquella comunidad tan soñada y anhelada… que nada tenía que ver con este sistema creado por el hombre, “sólo por el hombre y para el hombre”, sin tomar en cuenta a la mujer; estos eran los verdaderos hechos que había que tenerlos siempre presente porque allí radicaba el error principal, “el pecado original”, creerse –el hombre-superior a la mujer y el centro del universo; esta visión androcéntrica del hombre es una visión completamente anormal, ilusoria, provocada por el embrujo de una poderosísima diosa, la diosa Maya, diosa de la ilusión… quien satisface todos nuestros deseos para mantenernos confinados y cautivos en la eterna rueda del samsara, de la muerte y nacimiento repetidos… y nuestra misión en la vida es justamente despertar de esa ilusión… salir de esa rueda que a su vez es un laberinto, salir de ese embrujo... de su hechizo, para “llegar a ser” en nuestro estado original de almas puras; orando a la diosa Maya o a nuestra Divinidad Suprema para que nos liberen y nos ayuden a volver a casa, al hogar, al dulce hogar eterno y bienaventurado… En India adoran a la diosa Maya como a la diosa Kali, la destructora... junto a su esposo Shiva, el destructor...

Conversé con mis hermanas respecto al giro del restaurante… mi hermana menor lo entendió rápidamente, había estado lista para comprenderlo; pues por salud, su médico le había recomendado dejar de comer carne… sólo faltó que le dijera, “hazte vegetariana”… me contaba ella; sin embargo, mi hermana mayor no lo aceptó, dijo que se retiraba del proyecto y retiró su capital; así que yo le había ocasionado un grave problema a Edith porque ella se quedó sin ese capital; y el restaurante era para ella, pues estaba pidiendo la residencia en Chile, y una de las formas era la inversión de un capital. Sinceramente, por mi hermana no dudé ni un minuto en sacrificar mi regreso a India y le daría todo el capital que yo tenía para que abriera su restaurante vegetariano, y yo la ayudaría…

Así fue que cancelé estos dos proyectos míos, estudiar en la escuela de Bellas Artes de Lima y ahora mi viaje a India… No lo pensamos más y nos pusimos manos a la obra con Edith; alquilamos un pequeño local en la calle Lastarria y lo adaptamos a un cálido restaurante, Edith se haría cargo de la cocina y yo de la limpieza. Le pusimos el nombre de “La Isla Bonita” en honor a nuestra discoteca preferida en Estocolmo, “La Isla Bonita”, donde se escuchaba regularmente esta canción de Madonna que estaba muy de moda y que me traía tantos bellos recuerdos de mi querido Estocolmo, cuando íbamos con Tina, Eva y Caroline a bailar allí…

Luego, Edith alquiló un pequeño departamento cerca del restaurante, y la Isla Bonita fue mi apartamento de noche… yo dormía en la zona del mesón de atención, allí en el suelo tendía mi sleeping sobre un cartón para dormir en las noches, y en la pequeña despensa tenía mi altarcito, mis libros y mi ropa… Y mientras esperábamos la licencia del restaurante, nos fuimos con Edith a Arequipa para que Rasa Sundari nos enseñase a cocinar comida vegetariana… yo aprendí sobre todo las preparaciones básicas como el ghee, yogurt, queso casero, gluten, etc…

Cuando Rasa Sundari se enteró del nombre que le habíamos puesto al restaurante lo lamentó mucho, pues lo ideal hubiera sido que lleve un nombre más apropiado al nuevo estilo de vida que estábamos incursionando, porque Edith también se fue integrando poco a poco a este nuevo despertar, aunque no de manera muy activa; así que no nos quedaba más que “arreglar” el nombre oficial del restaurante con el nuevo nombre que le pusimos “La isla bonita de Radharani”… El restaurante nos quedó bello, era pequeño pero funcionaba a las mil maravillas y yo lo mantenía impecable, con olor a inciensos y flores que adornaban el mesón, las mesas… y en festivales yo les hacía bellas guirnaldas a sus Señorías, con aguja e hilo porque había olvidado la forma en que me enseñó Anapurna, de hacerlas con los dedos. También decoré la pared principal con postales de mis viajes y otros afiches y cuadros devocionales. En la cocina teníamos un hermoso cuadro mediano de Srila Prabhupada cocinando.


Así empezaron mis viajes de Arequipa a Arica y de Arica a Arequipa, pues tenía que salir cada cierto tiempo… entonces me desplazaba del restaurante de mi querida hermana al hotel de mi querida Betty en Arequipa, y luego al restaurante Govinda de mis queridos Rasa y Daruka, quienes seguían entrenándome y compartiendo conmigo el néctar de sus hallazgos y despertares… y también me iban presentando a otras madres y devotos. De pronto, Rasa, se mostró un poco preocupada porque en Arica yo no tenía asociación con devotos; a pesar que yo le explicaba que no me hacía falta, pues todo mi tiempo lo dedicaba a la atención del restaurante y a mis lecturas y estudio de los libros de Srila Prabhupada, tomando notas y armando mi gran puzle.

Mas, Rasa me pidió que en Arica yo buscara a una amiga suya, una madre que había estado en Iskcon pero que ahora estaba en la “reforma” o “Vrinda”, para que yo asistiera a sus fiestas de domingo, y posiblemente aquella madre también podría compartirnos algunas recetas para nuestro restaurante… Así conocimos con Edith a madre Kalindi y a su hermana Mohini, quienes en ese momento vivían en el templo-restaurante Govinda's, en el pasaje Bolognesi, pleno centro de Arica.

Por mi parte empecé a asistir regularmente a las clases de los sábados, y con mi hermana y mis sobrinas empezamos a asistir a las fiestas de domingo, las cuales eran muy concurridas. Las clases las daban los dos líderes grihastas, Udhava y Pariksit; mientras que sus esposas, otros grihastas, devotos externos y los pocos residentes del templo se ocupaban en preparar el prasadam y cuidar al gran grupo de niños.

En sus clases los devotos resaltaban en todo momento que teníamos que luchar contra “maya, la energía ilusoria”, luchar contra el mundo material, materialista, contra nuestras tendencias mundanas "para llegar a amar a Dios, Krishna". Para mí, luchar contra “maya, la energía ilusoria”, era luchar contra la misma diosa Maya, ¿cómo podíamos luchar contra una diosa?... "creo que los devotos están locos", me dije para mis adentros… "porque nuestra lucha no es directamente contra esa poderosa diosa Maya, la energía ilusoria, sino contra el sistema patriarcal de esta sociedad que nos está causando mucho daño"; pero en realidad, tampoco se trataba de una lucha sino de equilibrar y armonizar nuestros opuestos, masculino y femenino… sol y luna… la boda alquímica que es de igual a igual… esta era la totalidad de la psiquis… la unidad de nuestra mente… que era el tao… el Brahman… pero los devotos lo veían como una encarnizada lucha… siendo que Srila Prabhupada decía en todo momento que lo único que teníamos que hacer era cantar el maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama hare rama, rama rama, hare hare… realmente, este principio era la base de la sociedad ideal... incluso por encima de los cuatro principios regulativos, sólo cantando el maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama hare rama, rama rama, hare hare… uno se purificaría para servir, amar y sentir a sus Señorías Radha y Krishna, en nuestro universo espiritual interno, Sri Vrindavan dham.



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