- "¿Y Radha?" -me pregunté a mí misma-. ¿Y dónde queda Radha? -le pregunté al devoto, y él un poco sorprendido por mi pregunta, me respondió: - Esas infinitas almas que pueblan el universo son Radha. - ¿Radha? -exclamé- ¿Nosotros "somos" Radha? -volví a preguntarle. - Somos parte de Radha -dijo y calló... Y yo sentí que esa era la verdad de todo, que éramos parte de Radha; ésta era una increíble revelación... somos parte de Radha, la Diosa Suprema, y Krishna es el único varón, el Dios Supremo. Y "Radha es la morada de Krishna", había dicho Srila Prabhupada, "Radha es Vrindavana"... era tan hermoso sentir esto... y aún lo es... inconcebiblemente...
Sin Radha, Krishna no puede vivir; y sin Krishna, Radha no puede vivir... Radha y Krishna son uno y lo mismo, son la Divinidad Suprema, la Pareja Divina, el Amor Divino, son almas gemelas; por lo tanto, ninguno es subordinado al otro; y si lo son, ambos son subordinados el uno del otro. Sin embargo, los devotos de ambos grupos aún se empeñaban (y se empeñan) en mostrar sólo a Krishna como el Dios Supremo y a Radha como su subordinada... una visión que no corresponde a las enseñanzas de nuestro Srila Prabhupada.
En medio del festival yo intenté acercarme a los gurus para hacerles preguntas, pero no era nada fácil... había que agendar cita con sus sirvientes personales; y las citas, prácticamente estaban copadas, y eran por grupos; o sea, imposible hablar con ellos en privado. Daruka y otros discípulos de Somaka M, consiguieron un "darshan" con él; asistimos todos los que vinimos de Arequipa... y teníamos el tiempo limitado... Los devotos saludaron a maharaj y algunos le hicieron preguntas... Por mi parte, por fin me animé a hablar en público, Daruka me presentó a su guru, y yo le dije a Somaka Maharaj que recién había conocido a los devotos, "¿algún consejo en especial para mí?", le pregunté y él me respondió sonriente: "Canta el maha mantra hare krishna, dieciséis rondas y sé feliz"... y los devotos exclamaron: "¡Jay!"... y yo me sentí contenta... "Él está bien situado", me dije para mis adentros, me ha dado la misma instrucción que le dio su guru, el autoluminoso Srila Prabhupada... Y más adelante le dije a Daruka que me había gustado su guru, esto era cierto, me inspiraba confianza puesto que era guru de Daruka; aunque no había sentido por él aquella atracción que sentí cuando vi la foto de Srila Prabhupada, ese feeling... pero maharaj me había gustado. También conocí de cerca a Jayapataka Maharaj y a otros gurus que fueron entrevistados en el templo... pero me quedé con el mismo sabor de... "me gusta Somaka Maharaj".
También en medio del festival me acordé que los devotos de Arica me habían pedido, encarecida e insistentemente, que por favor, ya que iba al festival de Iskcon en Lima, fuera a conocer a uno de los gurus de Vrinda, Paramadvaiti Maharaj, que estaría en el restaurante Govinda's de la Avenida Javier Prado de Lima. Apenas encontré el momento oportuno, dejé a mi sobrina al cuidado de mi querida Rasa y Daruka y me fui en bus a Javier Prado cantando mi mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama hare rama, rama rama, hare hare…
Me recibió madre Jayavati, yo le puse al tanto de mi asociación con los devotos de Arica y que yo había ido a conocer a Paramadvaiti Maharaj, más que nada sólo quería saludarlo porque yo no contaba con mucho tiempo. Lo que me gustó de este grupo fue que maharaj me atendería de inmediato, aquí no había filas. Jayavati me invitó a pasar a la oficina del segundo piso donde estaba Paramadvaiti Maharaj, sentado detrás de un escritorio revisando unos papeles y conversando al mismo tiempo, con unos pocos asistentes que allí había, sobre "el sankirtan" y la venta de sus libros. Vrinda había editado sus propios libros, entre ellos su Bhagavad-gita de bolsillo.
Tampoco con Paramadvaiti M sentí ese feeling que se espera que haya entre discípulo y guru; de entrada, no me gustó la desviación de su ojo, no me inspiró confianza... pero tampoco quise darle importancia a la sensación que me causaba ese hecho físico... También a él le puse al tanto de mi asociación con los devotos de Arica y él me dijo que con Udhava y Pariksit yo estaba "en buenas manos". Luego, a falta de otro comentario me dispuse a retirarme, no sin antes preguntarle: "¿Cómo puedo reconocer a un devoto puro?", y él sólo me ordenó, prácticamente: "Lee La India Misteriosa, allí vas a encontrar las respuestas a tus preguntas. Abajo en el restaurante venden el libro". En el restaurante Jayavati me vendió La India Misteriosa y Los Secretos de un Yogui... y yo me regresé a Chosica en un bus, cantando mi maha mantra hare krishna hare krishna, krishna krishna, hare hare, hare rama hare rama, rama rama, hare hare… reflexionando que no había encontrado en ninguno de los gurus que yo había visto hasta ese momento, el misticismo de los gurus y yoguis que yo había visto en India. Aunque seguía gustándome Somaka Maharaj, yo tenía presente que aún me faltaba conocer al guru de Rasa y al otro guru de Vrinda.


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