Entonces recordé que días antes yo me había leído (para mí misma) el I Ching y me había salido el hexagrama 57, El Caminante; decía que tenía que moverme, que yo era una caminante, no podía detenerme mucho tiempo en un mismo lugar... sin embargo yo, ya estaba mucho tiempo en el källare de Tina sin perspectivas de abandonarlo, sabiendo que no era posible quedarme a vivir allí indefinidamente...
Esa tarde bajé al källare, "a mi celda", prendí una vela y me puse a leer Bat Saba (Betsabé) del escritor sueco Torgny Lindgren, era una novela que me había recomendado Tina, yo estaba fascinada con su lectura... "David quería seguir siendo libre, quería seguir siendo rey, pero había quedado atrapado en la belleza divina de Bat Saba"... De pronto, en la ventanita alta que yo tenía en la pared del frente, que daba a la calle, escuché unos golpecitos bastante fuertes, salí de mi celda para ver qué pasaba y vi a Natik que me hacía señas desde afuera para abrirle la puerta del edificio. Subí de inmediato, temiendo que algo malo hubiera pasado... "¡Qué susto!", me dijo Natik, "se veía mucho fuego aquí abajo". Sólo tenía una vela prendida, le dije. "De afuera se veía como un incendio", dijo Natik muy preocupada, "no puedes prender velas", recalcó, y yo quedé ¡PLOP!... ¡Era un aviso del hexagrama!, no había duda... yo tenía que dejar mi celda, mi celda querida... que me había traído reminiscencias de las monjas del convento de Santa Catalina en Arequipa, Perú... iba comprendiendo el sentido místico de esas celdas que ellas ocupaban... eran los lugares perfectos para estar uno con uno mismo, en su propio viaje interior... tal como es afuera es adentro...
Natik había ido al edificio para pedirme que me quedara en su departamento con Elvirita... su hermosísima bebé que había nacido unas semanas antes... y llevaba su nombre y el de mi querida madre, Elvira Natalia. Por supuesto que me fui con ella sin pensarlo dos veces. Me encantaba estar con mi sobrina recién nacida... por lo que yo era feliz cada vez que Natik me pedía que me quedara con ella. Yo tenía la experiencia del juego con mis otras sobrinas y sobrinos de mis hermanas mayores. Frente a Ela (Elvirita) yo había quedado como David frente a Bet Saba, atrapada en sus encantos de miniatura...
Al día siguiente me fui a limpiar un par de casas y de allí al källare. Tina me había dejado una nota porque quería hablar conmigo. Subí a su departamento. Ella había recibido una carta del administrador del edificio, donde le pedía que deje de usar el depósito como vivienda. Estaba más que claro... yo tenía que salir de allí, tenía que dejar mi querida celda, sí o sí. Me había llegado el momento de alquilar un apartamento, tenía que moverme, no tenía que detenerme mucho tiempo en un mismo lugar... ¡Ohh!... el I Ching me había hablado.
Alquilé un bello departamento en Rimbo, una pequeña ciudad ubicada al norte, a una hora de Estocolmo en bus; pero eso no importaba, la locomoción era muy buena y el pasaje era el mismo para cualquier lugar de la ciudad usando el månadskort (una tarjeta). Casi todos comprábamos esta tarjetita que nos permitía trasladarnos a cualquier lugar de Estocolmo tan sólo con mostrarla, sea en el tunnelbanna (el metro) o en el bus (y las había por un mes, tres y seis meses de duración). De vez en cuando, en este departamento también hacíamos las reuniones con mis hermanos y sus chicas, pero la mayoría las hacíamos siempre en el departamento de Tina, en el centro de Estocolmo.
En una de estas fiestas que tuvimos en el departamento de Tina, recibimos la noticia (por teléfono, no recuerdo de cual de mis hermanas) que mi padre había dejado el cuerpo... era el 21 de setiembre de 1990... paramos la música, dejamos de bailar y filosofar, obviamente... mis hermanos estaban dolidos... yo, me sentía como el extranjero de Camus... porque además, hace mucho que yo no sentía ningún afecto por mi padre, a causa de su abandono... Poco a poco, entre todos fuimos acariciando el hermoso proyecto de traer a nuestra madre querida a Estocolmo, pues mis hermanos ya estaban en vías de conseguir su permanencia en Suecia. En tanto mis clases de inglés se me hacían muy difíciles, los libros que conseguía eran todos de inglés-sueco, sueco-inglés, no había nada con español, pero aun así seguí persistente en el empeño con la ayuda de Enrique, quien me hacía los esquemas gramaticales; y me sentía feliz de practicarlo con las señoras dueñas de las casas que yo limpiaba... y con quienes poco a poco fuimos conociéndonos. Se sentían curiosas de saber que mis motivos de estar en Suecia no eran del común, y mucho más... les parecía un poco inverosímil que yo, teniendo una "gran" profesión me encontrase limpiando casas... me hacían sentir como uno de los protagonistas de "La insoportable levedad del Ser" del escritor checo Milan Kundera... el cirujano que se ganaba la vida limpiando ventanas...
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