Parecía que el universo me regalaba esas ofertas para mostrarme ese mundo que era parte de mi camino para reencontrarme a mí misma... porque el pasaje a India siempre me lo ponía caro, por tren era mejor, más barato... o por barco, por el canal de Suez, decían que de allí salían barcos cargueros a India.
El universo o el destino o la vida me estaban mostrando "lo muy claro" que tenían esas culturas orientales con respecto a la autorrealización, que para lograrla era preciso orar y meditar en la Divinidad Suprema... inclusive "veinticinco" horas al día si fuera posible, para estar conectados continuamente con el Ser Supremo... que para unos era Jesús, para otros Alá... para India, sus diferentes diosas y dioses... pero se tiene que orar y meditar en la Divinidad Suprema para recordarla en todo momento; esto era vital, una ley, un deber, nuestro dharma para alcanzar la autorrealización: esa famosa y mística unión... que era un gran enigma para mí... ¿cómo iba a orar yo, si no tenía una Divinidad Suprema?... sin darme cuenta que la Divinidad Suprema que me acompañaba era el mismo universo... la misma madre naturaleza... la forma universal de la Divinidad Suprema... la Verdad Absoluta que yo estaba invocando en todos sus templos y ríos...
En Atenas la haría corta... realmente mi viaje a India se estaba alargando un poco, pero continuaría alargándose para bien mío, porque tarde o temprano yo terminaría enclaustrándome en alguna celda como estaba siendo mi inconcebible anhelo... De Grecia me interesaba su Acrópolis... la gran Acrópolis donde habían discurrido los fundadores de nuestra cultura occidental... Sócrates, Platón, Aristóteles... subiría a pie por aquella colina, una réplica más de "la gran montaña" que nos lleva hasta su cima... Había muchos, muchos turistas que subían y bajaban. La entrada a la Acrópolis costaba veinte dólares, y ésta estaba literalmente llena; aun así, me incliné con total reverencia ante el Partenón, el templo consagrado a la diosa Atenea, diosa de la sabiduría, y les agradecí, a la diosa y a su templo, por haberme llevado con bien hasta sus pies... También a ella le imploré que me ayudara a encontrar la Verdad Absoluta... mi Verdad Absoluta...
El Partenón era otro templo muy bello... junto a todas las edificaciones de su entorno... esta era Grecia... la tierra de los clásicos de la literatura que aún siguen conmoviendo al mundo: Homero, Esquilo, Sófocles, Eurípides y otros.
Con Atenas, pude comprobar una vez más que todas las ciudades son la misma infraestructura, los mismos estruendosos laberintos en expansión aunque con sus naturales diferencias... Pero llegar al puerto El Pireo sí que fue otro gran regalo del mundo... allí estaba el mar Mediterráneo... ¡Ohh, diosas y dioses!, por fin había llegado al mar Mediterráneo, el inmenso mar azul lleno de gaviotas y su puerto lleno de barcos que llegaban y partían... también había mucha gente, muchos turistas... y yo me detuve aquí para averiguar todo sobre aquellas maravillosas islas del Mediterráneo...
Dormí tres noches en este espacio al aire libre, junto a otros viajeros que esperaban partir o acababan de llegar... Entonces, hice mi ruta... iría de isla en isla hasta cruzar el Mediterráneo y llegar a Egipto... Así me eché a la mar... empecé por Mikonos, belleza entre las islas, tuve que quedarme aquí una semana, tenía que recorrer sus estrechas callecitas laberínticas, de edificaciones blancas y recuadros (de sus puertas y ventanas) de colores... aquí escuché alucinada "Zorba, el griego", entre otros sirtakis de su música folklórica... recordé a Mara y a la Maga... recordé a mi madre y a mis hermanos... a Deepak y a Tauna... recordé a Elvirita y a Tina... hasta César Vallejo estuvo presente con su poesía... "¿Qué estará haciendo a esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí?; ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita la sangre, como flojo cognac, dentro de mí"...
Luego Naxos, Santorini, Rodas... también otra belleza de isla... con sus edificaciones de piedra y su muralla de piedra interminable... por donde circunvalé tocándola, agradeciéndola, sintiendo que yo había estado allí en algún momento de la historia de mi vida, no tenía duda, me lo decía el dolor agudo que sentía en el pecho, y que afloraba en lágrimas incontenibles por mi asombrado y conmovido rostro... y cuando llegué a donde había estado el gran Coloso de Rodas... lo vi... lo vi donde no había nada más que el viento... ya no estaba el gran coloso que había sido como un inmenso faro para los mercantes... y yo sentía que había estado en Rodas, me lo decía el corazón... ahora sólo estaba recordando... También me quedé aquí unos días en una hospedería del YMCA, fue una experiencia única compartir esta estancia como si se tratara de un gran campamento...
Y luego partí a la isla de Creta para conocer el famoso laberinto del Minotauro. Algunos decían que el Heraklion, la capital de Creta, había sido construida sobre el mismo laberinto que construyó el arquitecto Dédalo, por orden del rey Minos para ocultar al Minotauro... Con estos recuerdos del famoso mito subí la colina de Cnosos, para conocer el fantástico palacio hoy en ruinas... y mirar al cielo y a la tierra a través del tiempo... ¿no habré sido yo, en vidas pasadas, un ciudadano de aquellas metrópolis que estaba recorriendo?, ¿un simple albañil o una aldeana o un agricultor o un pescador?... ¿Por qué sentía que mis manos habían labrado aquellas milenarias piedras?...
Tampoco podía dejar de visitar el viejo monasterio de Arkadi... yo necesitaba aunque sea un poco de aire de recogimiento... aunque hubiese siempre tanta gente... En este monasterio entablé conversación con un joven coreano, algo inusual de mi parte, pues el trayecto yo lo hacía siempre sola, conmigo misma... Este joven me preguntó...
- Are you going to India in search of enlightenment?
- Enlightenment?
Tuve que buscar en mi diccionario el significado de esta nueva palabra para mí... para quedar muy confundida... ¿qué era la "iluminación"?... y ¿la autorrealización?... él no podía responderme porque apenas sabía del camino espiritual, sólo me decía lo poco que había escuchado... Me quedé durmiendo un par de noches en el puerto de Heraklion esperando un barco que me llevara al puerto de Alejandría en Egipto... y de allí, partiría a India sea como sea.



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