Llegó Enrique y todos nos pusimos manos a la obra para conseguir trabajo. Todos los días nos íbamos los cinco (Jorge, Víctor, Enrique, Edgar y yo) al Arbetsförmedlingen (una oficina) para buscar trabajo en unos catálogos, mis hermanos lo hacían por Edgar y por mí, pues ellos ya entendían y estaban hablando increíblemente el sueco (los tres eran hábiles en idiomas, los cuatro lo son, me refiero a Rafael también; y mis sobrinos, ni qué decir)... En tanto habíamos alquilado el departamento de un español, Lagares, vecino de Lili; donde nos instalamos: Víctor, Enrique, Edgar, Sasha y yo, compartiendo todos los gastos. Sasha era ruso, amigo de Jorge, compañero de la facultad de matemáticas, era callado y lindo... a veces nosotros, con Edgar, Víctor y Enrique hacíamos comentarios un poco picarescos de él y de su patria, Rusia, y delante de él, sin tener idea que Sasha entendía y hablaba perfectamente el español, y también el inglés y había ido a Estocolmo a practicar el sueco; o sea que ¡PLOP!... ya que Jorge no nos había comentado nada... El departamento tenía dos dormitorios. Yo tomé el pequeño y los muchachos se las arreglaron en el dormitorio principal y en la sala. Bueno, yo salí gananciosa con todo un cuarto para mí sola, sin tener que pagar un porcentaje más por ello.
Y también, tan pronto llegó Enrique, él me llevó a su encuentro con Tina, su amiga, él quería ponerle al tanto de su viaje y la regularización de su residencia. Nos encontramos con ella en Slussen, donde el paisaje es hermoso, límpido y se hace tan cerca lo que parece tan lejano... y yo podía observarlo todo a mis anchas, porque Enrique y Tina conversaban en inglés y yo no podía entenderles; por lo que yo sólo los acompañaba de vez en cuando con pequeñas sonrisas y algunas frases que Enrique traducía... Al despedirnos, Tina dijo que iba a prestarme ropa, pues mi mochila estaba tardando en aparecer. Luego, Enrique me contó, mientras regresábamos a casa, que Tina nos visitaría con unos amigos el fin de semana... en fin, que tendríamos una gran fiesta, nuestra gran fiesta de las flores...
Así se empezaron nuestras fiestas en Estocolmo... bien en nuestro departamento o en el departamento de Tina o en una discoteca... con todas las ganas de pasarlo bien, y a veces, hasta las últimas consecuencias del baile y del alcohol... nos sentíamos felices, eufóricos, ¡cuatro hermanos viviendo en Europa, en Estocolmo!... ¡Yo no lo podía creer! ¡Era hermoso! ¡Nunca lo hubiéramos imaginado!... Estábamos en el país del grupo ABBA, uno de mis grupos musicales favoritos... y donde se entregan los premios nobel, estábamos más que felices... Ahora yo me encontraba más cerca de mi madre que de Mara, mi tía, quien había sido mi mejor amiga y a quien sentía cada vez más y más lejos... Definitivamente era una nueva vida llena de sueños... mis hermanos hacían sus planes para establecerse allí y yo planeaba mi gran viaje a India.
Enrique terminó enamorando con Tina, Víctor con Evita Perón (así la llamábamos en honor a Eva Duarte de argentina), Edgar con Lenita, y Sasha y yo solos; yo como siempre, huyéndole al compromiso. Por supuesto que más de las veces era difícil no sucumbir a los encantos de aquellos jóvenes tan bellos, los suecos eran bellos... también los italianos y los griegos y portugueses... así que yo sólo aceptaba encuentros ocasionales… ¡Oh, diosas y dioses!
Víctor y Jorge habían conseguido trabajo, tanto para ellos como para nosotros (Edgar y yo), pues Sasha tenía su propia solvencia. Jorge y Víctor, encontraron trabajo como camareros en un restaurante del centro, y Edgar y yo en la cafetería de un italiano, al aire libre, en Kungsträdgården, el parque del rey; Edgar como ayudante de cocina y yo como camarera, usando pasaportes prestados de estudiantes con visa de trabajo. Todo parecía de película y yo me sentía la más feliz y la mejor pagada de todos los protagonistas... felizmente podíamos entendernos con Paolo, el italiano.
Enrique volvió a trabajar de camarero en un hotel cinco estrellas que quedaba en la última estación del tren a Fisksätra, en una isla, hasta que regularizaría sus papeles pues quería estudiar cuanto antes, economía e idiomas en la Universidad de Estocolmo. Cuando fui a visitarlo al hotel quedé maravillada de tanta opulencia, los mozos me llevaron de frente a la cocina para servirme lo que quisiera, jajajajaja... comí hasta el hartazgo, no podía parar de comer aquellas deliciosas galletitas de soda con mantequilla, y tomar café con leche... que me hacían recordar vívidamente los desayunos del Monteiro Lobato, el barco que me llevó de Tabatinga a Manaus, y donde me deleité con los mismos bocadillos de ensueño... mientras que mi vista se perdía en la hermosa estructura del barco rodeado de agua, de bosques... animales salvajes... así como en ese magnífico hotel que se encontraba en medio del lago y donde se escuchaba a Mozart... plácidamente... tocando su inmortal concierto para piano No. 21, andante...
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