sábado, 19 de junio de 2021

EL YOGA DE OSHO RAJNEESH

En la estación de trenes encontré la misma historia de los mendicantes que en el aeropuerto, cobrando a los viajeros por pernoctar allí y extendiéndonos la mano a diestra y siniestra, yo seguí casi por inercia a un grupo de viajeros que también iban a Pune... El viaje en tren es maravilloso... luego de los caballos nos hubiéramos quedado sólo con el tren, ¿para qué más?... ¿para qué tanto?, pero luego vinieron los autos y los buses que pueblan hoy en día nuestro universo, nuestras grandes ciudades, robándonos todo sano espacio...

Llegamos a Pune y me seguía el mismo olor de los bocadillos que vendían los ambulantes en Bombay. Todo era tan distinto... distinto a nuestros choclos con queso, a nuestras papitas con chuño y huevo duro, a nuestras emolientes, a nuestros panes de tres puntas, hay tanto para enumerar... Aquí todo era distinto, pero yo no me atrevía a probar nada, creo que me volví un poco recelosa de tomar los alimentos en la calle, en cualquier sitio, mi madre nos había enseñado eso... y yo le daba toda la razón, ¿cómo íbamos a tomar los alimentos sin saber cómo eran preparados?...

Caminé desde la estación del tren hasta el ashram de Osho Rajneesh. Valió la pena... fue una increíble experiencia. Verlo a él en recepción, con sus ojos oscuros resplandecientes me inspiró confianza, era una fotografía grande por supuesto, porque Osho ya había dejado el cuerpo en el año 1990... Diferente a como me lo había imaginado tuve que pagar cinco dólares por noche. Me quedé un par de noches allí. Tenía que ver de qué se trataba "este asunto", obviamente... Felizmente me sentí libre de caminar a mi antojo luego de dejar mi mochila en un cuartito compartido con una japonesa, ¡oh, diosas y dioses!, habían huéspedes de todas partes del mundo, en su mayoría mochileros, pero la japonesa se veía que tenía mucho dinero; lamentablemente no tuvimos ningún interés de comunicarnos.

Después de caminar un buen rato entre los senderos llenos de arbustos y flores llegué al gran salón de meditación, donde había hombres y mujeres vestidos con ropa color marrón o granate, en diversas actividades: algunos estaban bailando, otros haciendo poses de yoga, otros estaban meditando sentados sobre esterillas en el piso, otros bailaban frenéticamente... casi al borde de la locura... Me acerqué a un muchacho que estaba observando en el umbral de la puerta de entrada y le pregunté:

- Can I ask you something? - y él asintió un poco distraído. Iba a preguntarle qué era ese salón o qué estaban haciendo allí esos muchachos, pero él contestó rápidamente en perfecto español, descubriéndose como español por su acento.
- Están practicando diferentes formas de meditación -me dijo.
- ¿Así también se puede meditar? -le pregunté un poco desconcertada.
- Se trata de extenuarse al máximo -dijo-, para que uno pueda arrojar toda la basura de su mente, limpiarse de todas las tensiones de su cuerpo y poder experimentar el silencio.
- ¿El silencio? -volví a preguntar confusa.
- Meditación es parar, es dejar de pensar, es mantenerse en silencio, muy necesario para contrarrestar esta vida hiperactiva que nos lleva al caos, sin paz ni felicidad -me respondió.
Confieso que aunque sus respuestas me tenían confundida, alguna parte de mi cerebro lo comprendía perfectamente. Osho decía que estamos viviendo ciegos en un mundo tan hermoso, que teníamos que despertar o hacernos conscientes del gozo de la vida, no ser sólo simples espectadores autómatas, sino, sobre todo, partícipes de ella para vivir el éxtasis pleno. Sí, teníamos que despertar, eso yo lo tenía claro, eso también era lo que proclamaban muchos pensadores de occidente, que estábamos viviendo como dormidos... pero sólo los maestros espirituales de India poseían el antídoto... Sin embargo, a pesar de que a mí me gustaba bailar mucho, no era lo mío hacerlo en aquellas circunstancias. Me atraían más las posturas del yoga y la meditación en sí, que para mí seguía siendo un misterio... por un lado ya tenía el tratak, pero por este, se me mostraba el silencio... Son diferentes formas de meditación había dicho este joven. Por la noche, a la hora de la cena, me dejaron con el postre una invitación para asistir a una sesión de Tantra Yoga... decidí ir a ver en qué consistía, pues, a pesar de haber leído algo al respecto en los libros de Mircea Eliade, el yoga todavía seguía siendo un enigma para mí.
Cuando llegué al lugar especial que me habían invitado, pedían una entrada de cinco dólares por la clase o por la experiencia; yo estuve dudosa; más en ese momento llegó también el joven español y pude preguntarle si sabía de qué se trataba ese Tantra Yoga, aunque este muchacho se mostraba novicio en el ashram, se notaba que sabía más cosas.
- Osho aboga por la libertad plena -me dijo-, lo que incluye el disfrute sexual, con lo cual nos ofrece la oportunidad de descubrir o elegir nuestro propio camino religioso, sin apoyarnos en ideologías y filosofías... Tantra Yoga nos enseña cómo alcanzar el éxtasis espiritual a través de las relaciones sexuales.
Yo sonreí incrédula... lo que estaba escuchando no tenía pies ni cabeza para mí, por lo tanto no era para mí; primero, porque yo no tenía que bajar la guardia en ningún momento, tenía que seguir mi intuición, y segundo porque yo ya había acabado con esa etapa sexual en mi vida... En medio de estos pensamientos, reconocí a la japonesa entre los participantes, todos llevaban ropa blanca. Esa noche, la japonesa no vino a dormir al cuarto. Al día siguiente, durante el desayuno, me tocó escuchar el comentario de unas muchachas europeas, que decían que la japonesa era un geisha que había ido allí a perfeccionarse con el Tantra Yoga, dijeron que este yoga era como el "post grado del Kamasutra" y rieron muy divertidas... Al tercer día, cuando ya me iba, me despedí del español a quien encontré en la salida. Conversamos un poco, él me dijo que se quedaría una semana, luego se iría a Goa. Yo le dije que me iba a Puttaparthi a conocer a Sathya Sai Baba... Me fui pensando que sólo en el ashram de Osho ya había bastante diversidad... pero para mí otro era el camino...

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