Yo estaba esperando exclusivamente el barco Ariadna... en ese barco yo quería viajar a Egipto... Ariadna había sido la guía de Teseo para llegar al centro del laberinto... y sentía que este hecho me ayudaría a llegar a mi propio centro para acabar con aquel ser enigmático, en torno al cual se tejían muchos mitos y leyendas, el famoso Minotauro. La travesía en el Ariadna fue sencillamente espectacular... Viajamos durante el día... eran horas y horas de tan solo mar... mar... mar extenso, mar azul... cielo claro, luminoso con las nubes doradas por el sol... sin ver tierra por ningún lado... más que agua, mar... agua, cielo y mar... y vientos... Más que nunca quería recordar la historia de aquellos tiempos en que no existía el tren ni el avión... sino tan solo las aguas como principal medio de comunicación en ese hermoso rincón del mundo... De esta zona mediterránea provenían nuestras casas coloniales en occidente, en Latinoamérica, en Perú... Y yo... ya podía divisar claramente el gran faro de Alejandría y su gran biblioteca, ambos destruidos por las guerras, el fuego y el tiempo... pero que había grandes proyectos de reconstruirlos en conmemoración a su existencia como patrimonios de la humanidad.
Tomé un bus en el puerto de Alejandría para ir al Cairo y luego tomé un taxi que me dejó en un hotel cerca de las Pirámides a donde yo iría a visitarlas tan pronto como amaneciera, el acceso también costaba veinte dólares... Pasé todo un día en la meseta de Guiza para visitar aquellas construcciones que tanto me habían atraído en mi época de estudiante... en especial la Gran Pirámide y la Gran Esfinge... Todo era igual, igual que en las postales y en los libros... pero ahora, yo me encontraba aquí, en este lugar tantas veces soñado y siendo acariciada por la arena que se levantaba con el viento... por fin yo podía ver mi maquetita del Sortilegio del Destino en su tamaño original...
Sin dar más rodeo a los pensamientos y emociones, me dirigí a la entrada de la Gran Pirámide, la Pirámide de Keops... Había muchos visitantes... subimos un grupo de gente hasta el acceso de la pirámide... Todo estaba indicado allí, las tres galerías que llevaban a tres cámaras: la cámara del Rey, la cámara de la Reina y la cámara subterránea (se comentaba también la existencia de una cámara secreta), y los ductos de ventilación. Lamentablemente, el acceso a la cámara subterránea estaba cerrada temporalmente "por refacción". Visité las dos cámaras superiores tratando de recrear su historia y simbolismo, escuchando a los guías turísticos; y cuando por fin, me hube llenado de las vibraciones de sus piedras, formas y texturas; salí de estas galerías, para escabullirme, en un descuido de los guardias, por la galería que llevaba a la cámara subterránea. El hecho era de vida o muerte para mí, no podía irme sin llegar al punto álgido de mi peregrinación... la cámara subterránea era el lugar donde llevaría a cabo mi gran ritual y su invocación. La galería descendía por unos ciento y tantos escalones tipo rampa... todo estaba oscuro... apenas se veía una ventanita en lo alto que comunicaba con el mundo exterior... Bajé tan rápido como pude para que nadie pudiera descubrirme, mientras más abajo me encontraba, más oscuro... Ya era difícil que alguien pudiera notarme desde arriba... de rato en rato me alumbraba con la luz de mi pequeña linternita... hasta que se acabaron los peldaños e ingresé a un espacio de tamaño moderado, como un salón, sin duda era la famosa cámara subterránea "o tal vez la cámara secreta", me dije... y allí me dispuse a llevar a cabo mi ritual... aunque con un poco de temor... me temblaban las piernas, el cuerpo todo, sentía que me faltaba el oxígeno... por un momento estuve a punto de abandonarlo todo y huir... para volver al mundo de arriba, de afuera, pero ya estaba allí adentro y abajo... sólo tenía que armarme de valor... Me acomodé con mi mochila en el centro de aquel insólito recinto, me puse de rodillas, prendí una vela, pero esta no duraba mucho tiempo prendida, se apagaba como si la soplara un extraño viento... saqué mi querida maquetita de la gran pirámide y la destapé... yo calculaba que me encontraba justo debajo del vértice de la gran pirámide, y sólo tenía que hacer coincidir el Yggdrasil de mi maquetita con aquel vértice superior, mientras pronunciaba mi gran invocación a la luz de la vela que luchaba por mantener su llama ardiente, fósforo tras fósforo... "Poder de la tierra y del agua, poder del fuego y del aire; alfa y omega, principio y fin de todas las cosas; les ordenan hacer así como yo deseara. Que me protejan de los poderes ocultos, que me protejan de la mala intención. Alfa y omega les ordenan, muestren que así lo harán... Por favor, ¡ayúdenme a encontrar mi Verdad Absoluta!"... De pronto, no pude prender más fósforos... las manos me temblaban... estaba sudando, me faltaba el aire, estaba sintiendo extrañas presencias en la oscuridad y a mi alrededor... "¡Los guardias!", exclamé para mis adentros... "¡Me descubrieron!"... y casi me desmayo cuando corrió por mi mente, como una película, el rollo de mi osada infracción... "me multarán, me llevarán a prisión, me deportarán"... De repente, alguien detrás mío me cubrió los ojos con un paño suave y lo ató por detrás de mi cabeza... ¡me quedé inmóvil!, ¡hasta mis pensamientos se paralizaron!... Horrorizada, quise quitarme esa venda de los ojos, pero alguien llevó mis manos a tocar una gran piedra delante mío... ¡donde había estado mi pirámide!... me estremecí como los mil rayos de una noche tormentosa... no lograba superar ese momento que estaba a punto de volverme loca... ¿Quiénes eran aquellas personas?, ¿qué querían de mí?, ¿qué era esa piedra?, ¿y mi pirámide?... Luego, me pusieron en mi mano izquierda un cincel y en la derecha un martillo... y escuché claramente una voz que me decía desde el frente, como una orden... "Tu tarea es convertir esta piedra bruta en una obra de arte"... luego... el silencio se ocupó de grabar en mi mente aquel mandato... la voz continuó... "Eres un constructor esforzándose en construir su propio templo místico, el altar de tus sacrificios, dentro de ti mismo"... ¡Oh, diosas y dioses!... eso fue demasiado para mí... sencillamente me derrumbé y empecé a llorar a mares... sintiendo que esa era la verdad que me acompañaba desde siempre y que ahora se estaba haciendo consciente... por eso yo había recorrido aquellos templos buscando lo que había olvidado o perdido... aunque su significado continuase velado para mí... Continué llorando y al secarme los ojos, vi que ya no llevaba la venda... todo era silencio y oscuridad... busqué mi pequeña linterna en mis bolsillos y alumbré a mi alrededor para no ver a nadie, sólo había quedado aquella piedra simbólica y sobre ella un cincel y un martillo... Casi con los ojos desorbitados, sin comprender mucho lo que había ocurrido, huí de aquel recinto tan rápido como pude... para descubrir horrorizada en medio de la huida que había dejado mi pirámide quizás tirada en el suelo, tuve que regresar por ella casi al borde del colapso, y casi gateando la recuperé... Mi pirámide... mi querido objeto de meditación en ese entonces...
A duras penas me mantuve en las afueras de la Gran Pirámide tratando de asimilar lo que realmente había vivido... ¿Fue una alucinación? ¿Fue una alucinación?, me repetía a mí misma tratando de explicarme lo ocurrido... pero la piedra... el martillo y el cincel habían sido reales... aún podía sentirlos en mis manos... ¡no había sido una alucinación!... ¿Quiénes habían sido aquellas personas que se me habían presentado?... y pasaron por mi mente antiguas logias, sociedades secretas, iniciaciones místicas... de las que tanto se hablaban que tenían su cede secreta en la Gran Pirámide... Todo era posible en esta dimensión invisible... desconocida... hasta comparé aquella piedra que tuve delante mío con la piedra filosofal de los alquimistas, cuyo secreto es transformar la materia en espíritu... el metal inferior en oro... ¿No sería que nosotros, el ser humano, era quien tenía que vivir esa transformación, pulir su piedra en bruto hasta convertirse en diamante... un ser divino...?... Como un sueño reviví las imágenes de mi pasar por aquel mundo antiguo, como un artesano o una artesana que había trabajado en la construcción de muchos, muchos templos en la historia, construyendo al mismo tiempo su propio templo interior... Me sentía fulminada por antiguas vivencias inconcebibles, ahogué mis exclamaciones para mantenerme a la altura de aquel fantástico ritual que acababa de vivir...
Luego de un buen descanso, tomé mi refrigerio y me dirigí a la Gran Esfinge y demás pabellones... Me sentía optimista, feliz, a pesar del gran susto que yo había vivido... lo que yo había hecho había sido una locura, pero había valido la pena porque sentía que esa locura me otorgaría la gracia de conectarme con la Verdad Absoluta... Y en la Gran Esfinge, encontré la inmortal cita de Sócrates en su contexto completo... "Conócete a ti mismo implica que cuando nos conocemos a nosotros mismos, conocemos todo aquello que se conecta con nosotros, esto es, el universo y la Divinidad Suprema".


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