lunes, 21 de junio de 2021

DE NUEVO EN ESTOCOLMO Y MI REGRESO A PERÚ

Llegaría casi de noche a Estocolmo, en el SAS, también me encontraba feliz de volver a mi Venecia del Norte... mi Estocolmo querido; sinceramente lo había extrañado, había extrañado a Tina, a Elvirita, a mi madre y mis hermanos... Yo le había dado una carta mía a Sathya Sai Baba en uno de sus darshans... donde le pedía, por favor, que mi madre ya no sufriese más por mí, y que a mí me ayudase a superar aquel fuerte dolor de la separación... extrañar me hacía sufrir, mi felicidad no era plena... Yo sentía dolor de no poder estar con mi madre, de no poder vivir aún con ella... no sólo porque la amaba, sino porque era mi responsabilidad velar por ella, sobre todo porque yo era la única hija soltera que le quedaba; sin embargo, también sentía que esta responsabilidad también era de mis hermanos, y que yo tenía los mismos derechos que ellos para optar por mi propia vida... Pero la verdad era que yo aún no estaba lista para quedarme con mi madre, yo todavía estaba buscando... sin embargo, al menos ya sabía ahora que lo que yo quería y había querido siempre, era hacerme monja, ese era el gran descubrimiento que había hecho y mis hermanos me harían bromas interminables con ello...

En Arlanda, el aeropuerto de Estocolmo, llamé a mi madre por teléfono, y al no contestarme llamé a Tina, quien me dijo que fuera a su nuevo y bello apartamento porque todos estaban allí reunidos, estaban en una fiesta, en una de nuestras fiestas acostumbradas, yo les había llevado inciensos para todos. Así que al llegar, no es que fui el centro de la atracción, sino el blanco de sus bromas, lo cual no me molestaba porque era verdad todo lo que decían, sólo que no lo comprendían, así que volvieron a llamarme la hija pródiga por un buen tiempo, lo que me divertía, y mi madre empezó a llamarme "monjita, mi monjita", o "dile a la monja"... Y mis hermanos empezaron a decirme "monja moderna".

Me causaba tanta gracia haber llegado de nuevo a casa, como cuando volví del Brasil... Mis hermanos se divertían a costa mía... y más cuando les conté que volvería a Perú para estudiar en la escuela de Bellas Artes de Lima, no lo podían creer, todo lo que me dijeron, y mi madre me decía: "¡Ay, hija, cuándo sentarás cabeza!"... yo era la única de sus hijos que no le daría nietos ni yernos... porque eso sí, para esas lides yo me sentía con el espíritu de Draupadi, la dama que había tenido cinco esposos... jajajajajajaja...

A mi llegada encontré muchos cambios... Mis cuatro hermanos habían conseguido su residencia permanente en Suecia y ahora estaban gestionando la permanencia de mi madre, quien estaba viviendo con Jorge, Natik, Elvirita y Silvia en una hermosa casa ubicada en Nacka, por Orminge, en medio de un bosque, yo me fui a vivir con ellos... Mis hermanos se habían comprado sus computadoras y hablaban de las marcas entre ellos... yo los observaba de lejos, a veces me acercaba para ver esa nueva tecnología que los tenía hechizados... luego, lo increíble era que ellos estaban estudiando en el KTG (Kungliga Tekniska Högskolan, el Instituto Real de Tecnología), y mi madre se sentía muy orgullosa de ellos y yo también, me sentía feliz por ellos y me encantaba verlos juntos a los cuatro, almorzando de vez en cuando en el comedor del KTG. Víctor estaba convalidando su título de ingeniero mecánico textil, Jorge estaba estudiando ingeniería de sistemas (había convalidado sus cursos) y Rafael estaba estudiando física nuclear (también había convalidado sus cursos). Luis Enrique estaba estudiando economía e idiomas en la universidad de Estocolmo, pero a veces iba al KTG a reunirse con ellos.
Yo volví a trabajar limpiando casas... mas, tuve que empezar de cero, pues no iba a pedirle mis clientas a la muchacha rusa con quien dejé este trabajo. Más bien, una de esas antiguas clientas me recomendó a una de sus amigas y de nuevo me hice una "cartera de clientes".

De Deepak supe que estaba en Finlandia y de Tauna mi familia no sabía nada, así que no moví los hilos para volver a encontrarnos; me bastaban las relaciones que tenía con mis hermanos y sus chicas... Volví a comer carne casi sin darme cuenta. En India, desde que conocí a Annapurna yo había sido vegetariana en Puttaparthi, por ella, no porque yo lo sentía, pero luego había comido un par de piernas de pollo y unos trozos de pescado durante el resto de mi viaje, hasta que volví a Estocolmo, a mi vida "normal", usando cubiertos, porque Elvirita estaba aprendiendo "mis malas costumbres" de comer con la mano... A veces cuando me disponía a meditar, siguiendo mis prácticas de tratak o meditar en mis lecturas... mi hermano Jorge me decía: "no te comprendo, dices meditar, pero sigues fumando y te gusta escuchar a la loca de Madonna"... Cierto, pensaba yo... para meditar, la mente tiene que estar en ciertas condiciones de preparación y los alimentos influyen, lo que uno escucha o ve también... así fue que en adelante, yo meditaría "una vez a las quinientas".
Mis hermanos también habían viajado ese verano y nos contábamos nuestros viajes, ellos me mostraban sus fotos y yo les mostraba mis postales de los diferentes lugares que había recorrido, incluso les mostraba la única foto que me había regalado Annapurna, de su boda... Pero era con mi madre, con Enrique y Tina, con quienes yo entraba en los detalles de mi viaje... "¡Ay, hija!", volvía a decirme mi madre... "cuándo sentarás cabeza"... y yo la abrazaba fuerte, fuerte, allí en la cama, cuando nos alistábamos para dormir... me encantaba abrazarla a mi mami buscando su calor... calor de madre... y ella me toleraba, jijijijijijiji... a veces parecía no ser de tanto abrazo, pero yo la obligaba a abrazarme mientras dormíamos... hasta que llegó la hora de mi regreso a Perú... para postular a la escuela de Bellas Artes. Mi madre y Silvia también habían decidido volver conmigo. Silvia y yo nos quedaríamos en Lima, y mi madre iría a visitar a Mery y Edith, mis dos hermanas que se encontraban viviendo en Arica, Chile; y luego se regresaría a Estocolmo.
En Lima me hospedé en casa de mi hermana Silvia, en Surco, hasta poder alquilar un cuarto en el corazón de Lima. Allí, en la terraza de aquella hermosa casa en un condominio, me juntaba con mis sobrinos bellos, Jorge y Fabrizio... para contarles de mi gran viaje a India, sobre todo a Jorge, mi cholo... a quien había extrañado tanto... y yo le contaba "mis peripecias"... y nos encantaba entrar en todo lujo de detalles... Y cuando su mamá lo llamaba, él le decía... "¡déjame escuchar las aventuras de una monja modernaaa!"... y nos reíamos con mucha fuerza y con ganas... Pero también por la noche me invadía la tristeza... extrañaba Estocolmo... no lo podía negar... sentía que había sido una locura haberme venido de Estocolmo, donde había vivido casi cinco largos y hermosos años... recordaba y extrañaba todos sus rincones por los que yo había pasado...

Así empecé mi preparación para el examen de dibujo, entre mis penas y contentos... tenía que superar ese dolor de la separación... y practicar diariamente el dibujar rostros, en lo cual yo no era la gran experta... y esa era la prueba final que yo tenía que pasar, la más importante... Entonces me fui a la feria de la avenida 28 de Julio para comprar un libro de dibujo y mejorar mi técnica, compré un par de libros sobre el tema, cuando vi en una mesa, en medio de muchos otros libros... un Bhagavad-gita un poco usado... lo tomé y muchas reminiscencias volvieron a mi corazón... Annapurna... India... era un Bhagavad-gita de bolsillo, en español, y mi sorpresa fue mayor cuando en una de sus primeras páginas encontré el bello rostro de Srila Prabhupada... no lo podía creer, no lo podía creer... ¡por fin lo había encontrado!... ¡había encontrado el bello rostro y el nombre de Srila Prabhupada!... por supuesto que lo compré de inmediato, me costó un sol... y me fui al Museo de Arte para empezar a leerlo allí, sobre la grama de uno sus parques... ahora en mi idioma materno mi comprensión se abriría un poco más ante esta nueva puerta...

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