viernes, 18 de junio de 2021

LLEGADA DE MIS SOBRINAS A ESTOCOLMO

Cuando llegaron mis sobrinas a Estocolmo fue una algarabía total, a todos nos parecía increíble que estuviésemos (prácticamente) los ocho hermanos con nuestra querida madre; porque Gery, Vane y Kissy (15,14 y 10 años respectivamente) venían en representación de mis tres hermanas. Enrique y Tina hospedaron a Vane, Rafael y Kristina hospedaron a Kissy, y Gery se quedó con nosotros en el departamento de mamá. Incluso Dasha, de ocho añitos, hija de Víctor con Svetlana, vino de Rusia para pasar esa temporada con Víctor y Evita. Algunos días de esos tres meses que mis sobrinas se quedaron con nosotros, tuve que compartirles mis trabajos de limpieza, para que ellas tuviesen con que pagarse sus caprichos y también para que yo tuviese más tiempo para estar con ellas.

La fiesta de Navidad la organizamos en casa de Kristina, quien vivía además con su padre y su hermano. Era una casa grande, de un piso, muy bella. Allí nos reunimos todos, incluso vinieron la mamá y la hermana de Tina... nos sentíamos como en la alfombra roja, abriendo regalos, jugando, cocinando, bebiendo, saltando, bailando con the Rivers of Babylon, Love is a Stranger de Eurythmics, con ABBA, Madonna, Michael Jackson, Queen… Midi, Maxi & Efti… era el amanecer del día siguiente y no parábamos... Fue una navidad inolvidable... y el año nuevo también... tal como el momento en que tuvimos que despedirnos de nuestras sobrinas queridas entre llantos y agradecimientos... Luego que ellas se regresaron a Perú, Silvia se animó a venir a pasar un tiempo con nosotros, mi madre estaba feliz, todos estábamos felices...
Por esos días nos visitaba, eventualmente, Tauna, un músico africano, quien se había hecho amigo de todos mis hermanos. Yo lo había conocido una tarde en la estación del metro, cuando regresaba a casa. Anteriormente, yo ya lo había visto en un festival que hubo en un parque del centro y me había atraído su forma especial de bailar y su exótica vestimenta, llevaba una colorida vincha sujetando su cabello rasta; ese día se presentaron muchos cantantes y grupos musicales, allí vi a Tauna tocando su kalimba, era delgado y bajo de estatura. Nunca pensé volver a verlo hasta aquella tarde en la estación del metro... no recuerdo cómo él inició la conversación, pero de repente nos encontramos hablando del yoga y de mi viaje a India. Él daba clases de yoga en un colegio de niños; por supuesto que yo acepté que me diera una de sus clases sin el compromiso de pagarle, nos encontramos al día siguiente en un aula de ese colegio. Esa fue mi primera experiencia con los ejercicios de respiración (tendida en el piso boca arriba) y meditación del yoga, mientras Tauna tocaba su kalimba, pronunciando extrañas oraciones y danzando suavemente alrededor de mi cuerpo. Sin embargo, aun cuando estuve descansando, me mantuve alerta todo el tiempo, en guardia, no podía entregarme de buenas a primeras a relajarme, estando en una postura por demás indefensa y escuchando un idioma completamente extraño para mí… ¿y si me estaba embrujando?... todo era posible... aunque él me dijo después que esas oraciones eran en su idioma nativo, de Namibia, y que además de músico e instructor de yoga, era un "shaman" que nos curaba a todos a través de la música de su kalimba y sus cánticos.
Una tarde le pregunté a Deepak cuál era la relación entre los ejercicios físicos de yoga y la autorrealización, él me dijo:
- Los ejercicios físicos son necesarios para mantener el cuerpo sano. En un cuerpo saludable se hace más fácil meditar en el alma.
Tomó una ramita verde de un árbol y lo movió de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, varias veces...
- Mira -me dijo- no se rompe, porque es una ramita joven; en cambio esta -dijo tomando una ramita seca- al doblarla se rompe, ¿ves?... Así mismo, los ejercicios físicos mantienen la columna vertebral flexible, esta flexibilidad es sinónimo de salud y juventud. Además, después de hacer ejercicios físicos uno está más apto para la meditación.
Esa tarde Deepak me invitó al departamento donde tenía alquilada una habitación, quería mostrarme su lugar de meditación. Era un departamento grande donde había otros inquilinos, "todos vegetarianos", me dijo Deepak. "Aquí no se fuma ni se come carne ni huevos". Su cuarto era pequeño pero confortable, no había más que un colchón en el piso, un pequeño estante de libros, una mesita con su altar y frente a la mesita un cojín donde Deepak se mantuvo sentado casi todo el tiempo mientras hablábamos, yo estaba sentada en el colchón. Él me explicó que él meditaba en Ganesha, el removedor de todos los obstáculos y dificultades de la vida, y cantaba su mantra, "om gam ganapataye namaha", en un rosario llamado japa (yapa). Me mostró sus libros y así se nos pasó la hora conversando. Como se hizo muy tarde para volver a casa, asumimos, casi en forma natural que yo me quedaría a pasar esa noche con él… y llamé a mi madre para que no se preocupara por mí.


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