domingo, 20 de junio de 2021

PRASANTHI NILAYAM O PUTTAPARTHI

Lamenté mucho no haber conversado más con aquel joven español, yo tenía muchas preguntas en la cabeza... autorrealización, iluminación, éxtasis espiritual, ¿eran una misma cosa o eran diferentes metas? ¿O eran diferentes caminos para llegar a una única meta?, y otras preguntas... De Pune a Puttaparthi hay una gran distancia... el tren iba atestado, en el vagón donde yo iba, uno de tercera, no había ningún extranjero, yo iba junto a hindúes y sus animales... ¡Oh!, recordé mis viajes en camión por el Perú... especialmente en uno donde yo iba en la parte de atrás, sentada sobre unas cajas de Leche Gloria.... recordando mi vida con mi madre y mis hermanos... allá en Arequipa... en la calle Puno... a la hora del almuerzo... y me puse a llorar como una magdalena... estaba extrañando no sólo a mi madre, a mis herman@s y sobrin@s, sino también a mi Arequipa querida... pero yo sobrepasaría ese dolor de la separación, requisito indispensable para transitar por el reino del espíritu... De repente, sentí que yo no estaba encajando como lo había esperado... El lenguaje me separaba de aquella gente misteriosa... guardadora de tantos secretos... ¿Encontraría aquí, en India, ese estilo de vida tan diferente al nuestro en occidente, que yo estaba buscando?... Ya desde Bombay estaba viendo la fuerte influencia de occidente sobre oriente... Hasta Pune era un pueblo en crecimiento industrial acelerado... ¿Cómo sería Puttaparthi?... ¡Ohh, diosas y dioses!...

Cuando llegué a Puttaparthi, vi que era muy parecido a Pune. De inmediato pregunté por el ashram de Sai baba y me señalaron el centro del pueblo, pasando por una gran feria que robaba mis sentidos, ¡qué no había en esta gran feria!... Había comida, ropa, libros, inciensos, joyas, adornos, postales, afiches de Sai Baba por doquier, con su nombre y todo... ¡Sathya Sai Baba no tenía nada de aquel rostro que vi en el templo Hare Krishna de Arequipa! ¡No era Srila Prabhupada!... ¡Ohh!, esto me causó una gran desilusión... Sathya Sai Baba no era Srila Prabhupada... más bien, se parecía al cantante mollendino Homero, de AQP, Perú... Me sentí un poco perdida y abatida... y, ¿ahora qué hago? ¿A dónde voy?... empecé a preguntarme muy desolada y sentí un poco de temor... no bien hube tenido este sentimiento cuando vi un póster de Sai Baba con un mensaje que decía: "¿Por qué temer cuando yo estoy aquí?"... ¡Ohh, diosas y dioses!, esta frase me tranquilizó tanto, que poco a poco me dispuse a tomar el lado bueno de mi desilusión, conocería a Sai Baba en persona y a él le haría mis preguntas... y me fui directo a su ashram. Mientras más miraba a Sai Baba, más me causaba gracia su peluca abultada... libremente...
Igual que el ashram de Osho, me cobraron cinco dólares por noche. Pagué por dos noches y compartí un cuartito con una muchacha española y otra venezolana, quienes me señalaron una esterilla sobre la que descargué mi mochila y mi bolsa de dormir. Ellas ya habían estado antes en este ashram, así que me guiaron en las actividades increíbles de mi estadía, principalmente en la primera del día, la meditación de la madrugada, en el templo, para lo cual tuvimos que dormir súper temprano... A las dos de la mañana nos congregamos mucha gente en los atrios de ambos lados del templo, en el atrio de la derecha esperaban los hombres, y nosotras en el lado opuesto; todos sentados en el suelo, uno detrás de otro, muchos orando en sus rosarios... esperando que se abran las puertas del templo... Éstas se abrieron como a las cuatro de la mañana, ingresamos en silencio, en orden, una detrás de otra, y en el interior del templo también nos ordenamos en dos grupos, el de varones a la derecha y el de mujeres a la izquierda, conforme íbamos entrando. Al frente del templo había dos fotos de tamaño natural, una era de Sai Baba y la otra era de Sai Baba de Shirdi, su anterior reencarnación. Las paredes del templo estaban adornados con pinturas sencillas y en la cornisa se veían figuras de diferentes diosas y dioses. Cuando el templo estuvo lleno se cerraron sus puertas y cuando se escucharon las primeras notas de un piano que Sai Baba tocaba en el segundo piso; pronunciamos (hombres y mujeres) en voz alta la mística semilla de todos los mantras... "¡Oooommmm!"... Fue una experiencia sin igual... el primer om me tocó el corazón de manera muy fuerte y sensible hasta hacerme llorar... sentía que había traspasado mares y montañas sólo para llegar aquí y escuchar y cantar este sonido primordial del universo... lo pronunciamos dos veces más, sintiendo en mi interior que ese mantra yo lo conocía, yo lo había cantado alguna vez en algún lugar del tiempo... Al cabo del tercer om se entonó un par de canciones o rezos, y luego se abrieron las puertas del templo y nos dispersamos... A mí me llevaron a hacer "seva" (servicio) hasta las nueve de la mañana, hora en que la gente del pueblo se congregaba en un gran espacio central dentro del ashram para recibir el darshan de Sathya Sai Baba… a quien sólo vi, nunca pude acercarme a él ni escucharlo más que en audios; pues en sus dharsans sólo caminaba para recibir la inmensidad de cartas que le entregaban los presentes, repartía vibhuti (cenizas) a algunos cuantos, y seleccionaba a otros tantos para tener una entrevista con ellos en el interior del templo… O sea que me desilusioné nuevamente… porque no fue posible acercarme a él para hacerle preguntas… no había nada más que hacer... Sin embargo, me propuse a descansar allí, en Puttaparthi, siquiera unos días, para lo cual alquilé un cuartito de lo más simple por una noche, lo que me resultaba más barato que estar en el ashram. En tanto, iría a buscar un mejor cuarto, desde donde iría a realizar las actividades dentro del templo, desde la madrugada hasta el dharshan de Sai Baba, quien sabe si la vida me sorprendería con una misericordiosa invitación de Sai baba...
Al día siguiente salí a recorrer el pueblo y en una de las callecitas vi a una joven que atrajo inesperadamente mi atención. Ella estaba elegantemente vestida, muy adornada, descalza, parada en la vereda al lado de la puerta de la que parecía ser su casa; sosteniendo con una mano una fuente de arroz que a su vez estaba apoyada en su cintura, y con la otra mano escogía el arroz lanzando las cáscaras a unas avecillas. En la pared de su casa había un letrero que decía: "Rooms to rent". De inmediato le pedí ver los cuartos, tenía dos en el primer piso, que daban a un patio, y de este patio se subía por una escalera a una terraza en la que estaba ubicado un tercer cuarto. Éste fue mi bello cuarto durante todo el tiempo que allí estuve, casi tres meses.



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